El arte como competición deportiva

“L’Homme qui marche I”, una de las esculturas más icónicas del suizo Alberto Giacometti (1901-1966), se ha convertido, en la obra más cara jamás subastada al adjudicarse por 65 millones de libras, unos 74 millones de euros en la casa Sotheby’s de Londres. La impresionante escultura, de 1,83 metros de altura, superó así el récord mundial que ostentaba hasta ahora del español Pablo Picasso, que se adjudicó en el 2004 en Sotheby’s de Nueva York por 104,1 millones de dólares. Un portavoz de la casa de subastas confirmó que la pieza de Giacometti, considerada un ejemplo de su madurez creativa, es “la obra más cara jamás subastada”.

Desde que Norman Mailer publicara su famoso libro Retrato de Picasso como un adolescente, las voces más críticas con el artista español se envalentonaron y bramaron cada vez más fuerte, hasta imponerse finalmente en el panorama internacional de la crítica. Recientemente, gracias a los aires relativista de fin de siglo –XX- los postmodernos duchampianos han logrado imponerse a los historiadores modernos, y el famoso urinario mereció la mención de honor de obra más influyente del siglo, por encima incluso del Guernika. Pero ahora, en Sotheby´s la escalada de precios recuerda a la competición entre Federer y Nadal.

Para no inclinar la balanza entre franceses y españoles, como ha sido frecuente a lo largo del siglo (Matisse-Picasso, Dalí-Bretón, Miró-Masson), al menos antes de que Los EEUU se hicieran con el control del mercado artístico, los inversores de esa vieja Europa que se resiste a perder el control en el mercado de la exquisitez han descubierto en un suizo Gioacometti la imagen de artista elegante y a la vez visceral que necesitaban para su nueva carrera hacia lo más Cutting-edge. Es éste un término bursátil que ha sustituido al ya pasado de moda Vanguardia, que tenía un origen militar (Avant-garde), nada adecuado a lo políticamente correcto en la era de la globalización del mercado y del buen gusto. Surge la pregunta: ¿vale “L’Homme qui marche I”, o “le Garçon à la pipe” todo ese dinero? Mi respuesta: ¿Lo vale Cristiano Ronaldo? Y una conclusión: no estamos hablando de arte. Y seguramente tampoco de competiciones deportivas.

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