World Press Photo y España: de nuevo en la encrucijada histórica

La imagen fotográfica del fotógrafo español Samuel Aranda premiada este año es un homenaje a la Pietá, sin duda, pero es también una imagen políticamente muy correcta, como viene siendo habitual en los recientes premios del fotoperiodismo internacional más famoso (World Press Photo). Es una imagen pintoresca que evoca a los mártires de la primavera árabe, y nos gusta pensar que tras esos dolores de parto -que implica toda revolución- vendrá después un buen alumbramiento, la de una nueva era democrática en el mundo árabe. Al menos ese es el mensaje implícito en la iconografía de la Pietá cristiana, que remite siempre a la Resurrección tras los sufrimientos de la Pasión.

No es necesario haber caído en la cuenta de esta información implícita en la fotografía premiada. Las imágenes actúan en el imaginario colectivo de modo inconsciente, como sabe muy bien todo publicista. Y no se nos ha enseñado a leerlas en la escuela y en la universidad como se nos enseña a leer los textos, entre líneas. Sabemos por otra parte que lo que cada uno escribe, además de comunicar un contenido concreto, expresa una cosmovisión del mundo. Y esta regla se da también en las imágenes que producimos. En el caso del fotoperiodismo, junto al fotógrafo, influye mucho la línea editorial. Y esto es lo que hay que tener en cuenta al hablar de los premios WPP.

Es posible que los miembros del jurado, además de ese paradigma implícito esperanzado con respecto a las “revoluciones” de la primavera árabe, que explica que la fotografía en cuestión haya sido seleccionada, hayan tenido en cuenta el dato de que su autor fuera un fotógrafo español, lo que se asocia en el imaginario occidental con el sueño de una Alianza de Civilizaciones. De hecho, la Pietá islámica puede relacionarse visualmente con las fotografías de mujeres con velo típicamente españolas, abundantes tanto en en la iconografía religiosa tradicional como en el folclore popular (remito por ejemplo a las fotografías de Ortiz-Echagüe).


Las fotos de Ortiz-Echagüe han sido criticadas por los estudiosos más progresistas, porque simbolizan y enaltecen una España anticuada y cerrada a la modernidad (cf. por ejemplo Las Fuentes de la Memoria de P. López Mondéjar). Y es interesante que el propio Aranda al ser entrevistado afirmara que lo que más le gustaría es “fotografiar la revolución en España”.

Supongo que quien ha salido tan beneficiado de la Revolución árabe es libre de defender una Revolución similar en España, pero es un poco simple pretender que esa misma revolución árabe tenga que llevarse a cabo en España, pues no hay dictadores ya, que yo sepa. No me cabe duda de que las revoluciones sólo traen caos, y que la democracia es el mejor sistema para corregir desde dentro los problemas de la corrupción y velar por los valores cívicos, que es lo que seguramente quería defender Aranda, aunque se haya precipitado un poco en sus declaraciones, o sólo habla metafóricamente.

Estas declaraciones tienen, por supuesto, su público; el de los descontentos -cada vez más- con el gobierno del PP actual. Y al mismo tiempo, manifiestan que el fotógrafo eligiría muy bien su tema fotográfico en España, como hizo poco después en su tendencioso reportaje de la crisis española publicado en el New York Times. Esto es, que el periodismo no es objetivo, porque depende no sólamente del punto de vista subjetivo del que fotografía, sino también de los paradigmas dominantes del momento, que llevan a editar una u otra fotografía.

Analizaré primero el aspecto de la subjetividad del reportero. Por sus declaraciones, parece que Samuel Aranda no era muy consciente de que su fotografía podría asociarse con la Pietá. De hecho, él mismo se distancia de la iconografía artística: “Me considero un trabajador más, no creamos nada, simplemente documentamos lo que pasa” (Colpisa, publicado en Diario de Navarra, 11 de febrero de 2012, p. 62). Sin embargo, ha declarado que en su fotografía “la mujer ofrece mucha entereza. Tenemos la imagen de que la mujer árabe está sometida pero creo que aquí se rompe el mito” (Colpisa, publicado en Diario de Navarra, 11 de febrero de 2012, p. 62).

Puedo equivocarme, pero creo que al alejarse de la referencia a la Pietá no sólo busca que le consideren un reportero objetivo, y no un artista, sino evitar que le tomen por cristianófilo. Este es un aspecto muy español, puesto que apropiarse del tema cristiano de la Pietá no parece importarles demasiado a los editores del WPP, porque EU es un país tolerante con todo tipo de creencias. Es cierto también que, como he dicho antes, estos editores se mueven según el paradigma dominante hoy en América de pensar que la democracia es exportable a todo el mundo, también a los países árabes, como defendían para justificar el derrocamiento de Sadan Husein.

Sin entrar en discusiones sobre esta visión utópica, quiero alabar el hecho de la selección de la fotografía de Aranda, puesto que hace posible que un tema como la Pietá pueda servir para todas las culturas y religiones, en lo que tiene de mito universal; por eso resulta esclarecedor, e inquietante, el hecho de que el propio fotógrafo quiera distanciarse de la referencia cristiana a la Pietá, por razones personales (“ni siquiera estoy bautizado”).

Siempre me ha llamado la atención la paradoja de que buena parte del laicismo militante español, tanto de la rama ilustrada como de la liberal, sea a la vez que anticlerical -y anticristiano- proislamista. Quizás se deba al hecho de que España es todavía un país de raíces cristianas, y no se ataca a lo exótico y lejano sino a lo que se tiene más cerca. O quizás sea porque es menos peligroso atacar al cristianismo y a la Iglesia católica que al Islám, lo que dice mucho a favor del cristianismo.

La Pietá de Alaska y Vaquerizo.

Cabría también la posibilidad de que Aranda se distancie de este tema de la Pietá para que no comparen su fotografía de reportaje con el performance “artístico” de los famosos Alaska y Vaquerizo, que sí que busca conscientemente jugar con la iconografía de la Pietá, para ser obsceno (Obscenity es el título de la exposición, que evita cuidadosament el riesgo de atacar al Islám, aunque no tema hacerlo con el cristianismo).

Lo que no parece que Aranda haya pensado es que habría un argumento mayor para distanciarse de ese tema: que esa mujer fuerte en la adversidad que él admira, y a la que por eso mismo fotografió en un hospital de Yemen, podría contribuir a la educación de las nuevas generaciones en el integrismo, y por tanto ser lo opuesto a lo que la iconografía cristiana de la Pietá representa.

Sirva de ejemplo esta imagen de Morales, “el divino”, que refleja muy bien el sentido corredentor del dolor de la Virgen María, que sólo se entiende cuando se cree en que Dios no está con los que cometen la injusticia sino con los que la padecen, con las víctimas, que es la esencia misma de la esperanza cristiana. No es este el lugar para analizar el matiz cristofóbico español actual, y lo que implica de ceguera ideológica, ya que impide entender los verdaderos fundamentos -cristianos- de la democracia y de la libertad en Occidente. Remito, para profundicar en este tema de la idealización histórica sobre la supuesta convivencia amistosa de religiones y civilizaciones a mi otra entrada de España en la encrucijada: El cordero místico.

Quisiera ahora, puesto que Aranda rechaza la comparación de su fotografía con el trabajo de los artistas, hacer una oda a la objetividad de estos, o a una mayor objetividad que la que se da habitualmente en el fotoperiodismo.

Objetividad artístiva vs periodística

No digo que los artistas sean mejores o peores como personas o como profesionales; hay de todo en todas partes. Me refiero a que los artistas pueden ser más objetivos porque no les interesa tanto lo que se da por supuesto -los paradigmas dominantes en su propio tiempo- como lo que implica una visión alternativa a lo que todo el mundo da por supuesto. A veces esa propuesta arriesgada acierta y otras veces no. Solo el tiempo pone a cada uno en el lugar que le corresponde.

En todo caso, y aunque suene a tópico, el arte reclama permanencia mientras que el periodismo tiende a ser efímero, y por eso los premios del fotoperiodismo no escapan a esta dinámica. O bien no trascienden el momento, o si lo trascienden son fotografías juzgadas de modo muy diferente poco tiempo después de cuando fueron premiadas.

Se entenderá mejor todo esto con un ejemplo: el caso de un reportaje fotográfico que recibió el primer premio del Word Press Photo 2006 en la categoría de retratos, aunque la intención de ese reportaje no era periodística sino artística. La fotografía premiada es el retrato de la boda del sargento Ziegel, que quedó totalmente desfigurado tras ser atacado en Irak por un coche bomba, el 22 de diciembre de 2004. Perdió un ojo, las orejas, labios, nariz y un brazo. El contraste entre el antes y el después es demasiado elocuente, y no requiere más explicaciones.

 

Pero a pesar de esa desgracia, su novia, Renee Kline, un año después de estar luchando  junto a Ty para su recuperación paliativa, decidió cumplir con la promesa de matrimonio que le había hecho antes de que éste fuera a su última misión en Irak. Esta historia personal era especialmente conmovedora y por eso la fotografía mereció ese premio internacional.

Pero Nina Berman no es fotoperiodista y tampoco fotógrafo de bodas, sino que hace ese tipo de fotografía que podríamos definir como artística, y que aspira a ver las cosas con una profundidad que excede el ámbito de lo políticamente correcto. La fotógrafo era consciente de que ese retrato, como toda la colección que había realizado el día de la boda de Ty Ziegel y su novia Renee Kline no era una simple serie de Candy Photography, sino algo demoledor.

El aspecto indexical o de registro propio del medio fotográfico implica que lo que vemos en la imagen, como la misma realidad fotografiada, incluya muchas perspectivas, unas evidentes y otras subconscientes, más o menos ocultas por los paradigmas dominantes. De hecho, a pesar de la pose de los fotografiados, ignorantes ellos mismos de lo que estaba haciendo la fotógrafo, se trata del mayor alegato contra la guerra, y ni siquiera los métodos deformantes del expresionista Otto Dix en su famoso cuadro antibelicista Los jugadores de cartas, pudo llegar tan lejos en esa denuncia.

Todo eso estaba implícito ya en la foto de Nina Berman ganadora del WPP, pero no era lo que querían ver ni los miembros del jurado que le otorgaron ese premio ni el público que lo aplaudió. Es más popular premiar un resultado feliz que algo que amenaza ruina desde el principio, como intuía ya Nina Berman. De hecho, el 17 de Noviembre del 2007, la CNN reportó que los Ziegel se separaban, antes de cumplir un año de matrimonio. No es fácil superar las fracturas –físicas y mentales- que deja la guerra, como muestras con realismo poético películas como Los mejores años de nuestra vida (1946) de Willam Wyler o El Cazador (1978) de Michael Cimino.

A día de hoy toda la serie fotográfica de Nina Berman ha trascendido el tiempo como un alegato antibelicista, y no tanto como una imagen periodística sobre un momento concreto, entonces feliz, de la pareja retratada.

Pienso que también la fotografía que ha recibido el premio general WPP 2012, conocida ya como la Pietá islámica del español Samuel Aranda puede trascender el tiempo. Pero lo hará con lecturas muy distintas a las que ahora provoca en los espectadores.

Sin transcender del análisis iconográfico, ningún comentarista de la fotografía, Aranda incluído, ha reparado en el velo completo y los guantes con los que se cubre esa Pietá islámica. Pero estos detalles llaman especialmente la atención si la comparamos con sus precedentes iconográficos, especialmente Miguel Ángel, que se esmera sobre todo en el acabado de las manos y el rostro, lugares más expresivos del cuerpo humano.

Como dije al principio, gran parte del éxito de las teorías revolucionaras utópicas se debe al hecho de haber conseguido trasladar al terreno político los consuelos propios de la religión. Los males -inevitables, necesarios según la dialéctica histórica- de los primeros momentos revolucionarios tendrán después su fruto en una especie de paraiso en la tierra, una nueva primavera tras el duro invierno. Esto está implícito en la elección de la iconografía cristiana de la Pietá para premiar con el WPP la fotografía Aranda, que es, además, un español, con todo lo que esto implica en relación con la historia del multiculturalimo religioso.

El argumento de las bondades del multiculturalismo, así como la defensa de las libertades de las minorías frente al poder de la mayoría es siempre loable, y también entiendo que sea usado por la filosofía de izquierda para oponerse al supuesto dominio cultural cristiano en Occidente. Pero ese argumento sólo parece aplicarse en los países occidentales y no en los países islámicos, en los que la situación de los cristianos está empeorando enormemente tras el 11S, y más todavía con las primaveras árabes. El éxodo actual de cristianos de países de antigua evangelización como Irak, Libia y Egipto es mayor que nunca, y las estadísticas de asesinatos son estremecedoras, pero apenas encuentran eco en los medios de prensa mayoritarios.

Como estudió Francois Revel en El conocimiento inútil, y más recientemente Andrew Anthony en El desencanto, los paradigmas ideológicos son tan fuertes que condicionan también la mirada hacia la historia. Sin salir del tema que nos ocupa, conviene recordar que tras la caída del Sha de Persia, celebrada por la izquierda sesentayochista a bombo y platillo, se impuso en Irán el estado teocrático del Ayatolá Jomeini, y lo mismo ocurrió en Afganistán tras la intervención soviética, que dio lugar al gobierno de los Talibanes.

Sobre el caso del derrocamiento d Sadan Husein en Irak no es preciso decir nada, todavía estamos padeciendo las consecuencias de semejante error histórico, que le costó la cabeza a los tres presidentes del pacto de las Azores (y a cientos de miles más, desgraciadamente, pues la guerra sigue). En cuanto al mundo árabe en agitación, ya empezamos a experimentar que lo que puede salir de las primaveras es un invierno: esto es, la sustitución de unos regímenes autocráticos por otro tipo de dictaduras basadas en la sharia al Islamiya.

Pienso que toda esta información está en la foto de Aranda. Aunque recuerde a la iconografía de la Pietá, tiene muy poco que ver iconológicamente (según la metodología de Panofsky) con su significado profundo. Y también iconográficamente, los paradigmas dominantes nos impiden ver que, a diferencia de otros famosos ejemplos de la Pietá, en las que lo más expresivo del conjunto está en el rostro y las manos, esa madre con su hijo en brazos lleva velo completo y guantes.

Me temo que, como ocurrió con la foto de Nina Berman que ganó en 2006 el WPP de la categoría de retrato, el tiempo –pues no me cabe duda que la fotografía de Aranda perdurará más allá del premio WPP- nos enseñará a mirar esa Pietá islámica de modo muy distinto a como la vemos ahora; de un modo quizás menos esperanzado, pero más profundamente real, con toda la complejidad que encierra.

Más información en https://imagologiajorge.wordpress.com/2012/10/30/el-estatuto-de-lo-fotografico/

Disappearing. By the photographer from Yemen Bouchra Almutawakel.

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4 Respuestas a “World Press Photo y España: de nuevo en la encrucijada histórica

  1. Me parece un magnífico análisis de historia cultural en torno a un asunto actual. Es difícil conseguir aclararse bien en el marasmo de imágenes que vemos a diario si uno no se para a pensar y esto es una lección de cómo intentarlo. Gracias.

    • Gracias, Guille. Si quieres seguir profundizando, introduje otra entrada con más puntualizaciones sobre la cuestión fotográfica y la ética artística
      imagologiajorge.wordpress.com/2012/10/30/el-estatuto-de-lo-fotografico/

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