Rockefeller Center: La Atlántida Global y sus símbolos


El Rockefeller Center es uno de los lugares simbólicos más densos del planeta, aunque muy pocos entre sus millones de visitantes se paren a reflexionar sobre lo que significan estas imágenes.

Se trata de una simbología relacionada con la historia reciente del capitalismo global, cuyas consecuencias estamos ahora sufriendo.

El mito de la Atlántida, resurgida del océano para volver a desafiar a los dioses mediante la ilusión del conocimiento humano sin límites, el poder de la técnica y el dinero, y el individualismo como motor del mundo.


Es una simbología relacionada en parte con España. Según la mitología griega, Hércules en su viaje a la Península Ibérica se atrevió a robar la fruta sagrada que cuidaban las Hespérides, hijas de Atlas, fundador de la Atlántida, cumpliendo así la profecía sobre el fin de ese reino de titanes.

Un relieve del Museo de Olimpia muestra maravillosamente este episodio. Hércules sujeta el cosmos ayudado por la diosa Atenea, que le pone un almohadón en la espalda, mientras el mismo Átlas le trae las frutas de las Hespérides. Es una versión muy peculiar del mito -pues Átlas coopera en su propia destrucción- que sitúa en España, Hesperia, ese jardín prohibido.

Durante cincuenta largos años, el profesor Schulten efectuó investigaciones históricas y arqueológicas en la Península Ibérica en búsqueda de la Atlántida, y los últimos hallazgos parecen apoyar su hipótesis de que el reino andaluz de Tartessos, desaparecido en el siglo VI antes de Cristo, coincidía con la descripción que nos dejó Platón en el Timeo:

“(…) Sabios reyes habían formado en esta Atlántida una vasta y maravillosa potencia que dominaba toda aquella tierra además de otras muchas islas, y algunas comarcas del continente, apoderándose de todas, desde Libia al Egipto, y de Europa hasta Tirrenia (…) Empero sobrevinieron diluvios y terremotos, y en un solo día y en una sola noche fatal, todos aquellos guerreros fueron tragados por la tierra abierta. Desapareció la Atlántida y he aquí por qué aun hoy no se puede recorrer y explorar aquel mar, encontrando la navegación un escollo en el fangoso lodo que dejó la tierra al abismarse”.

El nombre del océano Atlántico viene de este supuesto reino hundido, que los cartógrafos del Renacimiento situaban entre América y Europa. Jacint Verdaguer recoge en su famoso poemario La Atlántida que la búsqueda de ese mítico continente originó la aventura de Colón hacia el Atlántico e, indirectamente, el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Desde entonces, la Atlántida se asocia con América, y así lo describe el catalán José María Sert en los frescos de Titanes que pintó para decorar el vestíbulo principal del Rockefeller Center de Nueva York.

Este mismo artista fue encargado por Manuel de Falla, para pintar los decorados de la cantata escenificada Atlántida, que aunque nunca llegó a estrenarse por culpa de la Guerra Civil, es la gran cantata española, escrita sobre todo en catalán, pues está inspirada en los poemas épicos de Verdaguer, salvo la salve marinera final, que se canta en castellano.

La Atlántida narra la lucha entre los dioses y los titanes hijos de Atlas, una lucha que recuerda bastante a la narración de la lucha entre los ángeles y los demonios, que fueron finalmente vencidos y arrojados al infierno. También la Atlántida fue destruida y hundida en el océano según los viejos mitos griegos.

Por eso, el relato de la Atlántida, como el del Génesis sobre el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal en el Paraíso terrenal, simboliza la ambición sin límites del ser humano, y también el origen mismo de la civilización tal como hoy la conocemos, basada en el saber por experiencia, en la ciencia.


Todos los símbolos del Rockefeller Center siguen una estética griega que ha quedado un tanto adulterada para adaptarse al gusto popular del momento: El Art Decó, símbolo por excelencia del capitalismo americano. De hecho, este complejo de rascacielos y plazas fue construido entre 1930 y 1939 por John D. Rockefeller, Jr., al que debe su nombre, uno de los grandes magnates y pioneros de la economía de mercado actual.

Se trata del primer conjunto urbanístico diseñado ex profeso en Manhattan, con diecinueve edificios que ocupan una superficie de 89,000 m2, entre las Avenidas Sexta y Quinta, y las calles 48 y 51, justo en frente de la catedral católica de Nueva York, la famosa San Patricio.

Junto con la figura dorada de Prometeo y el Zodiaco, que está situada en la plaza interior, en frente del vestíbulo principal que decorara Sert, la escultura más característica del complejo Rockefeller Center es la de Atlas sosteniendo el universo.

Atlas, según la mitología griega, fue condenado por Zeus a soportar sobre sus hombros los pilares que mantenían la tierra separada de los cielos.

La escultura del Rockefeller Center en Nueva York fue realizada en 1936 por Lee Lawrie y Rene Chambellan. En ella, el eje norte-sur del gran orbe de bronce apunta a la Estrella Polar, y en uno de sus anillos se encuentran representadas las 12 constelaciones por las que pasa el Sol a lo largo de un año (visto desde la Tierra). Sobre los hombros de Atlas también puede observarse una especie de viga curvada con los símbolos tradicionales de Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, y Neptuno.

Prometeo está relacionado con esta misma tradición mitológica: era un titán, hijo de Atlas, que desafió a los dioses robando el fuego sagrado del Olimpo para entregárselo a los hombres.

Por esta causa, Prometeo es castigado a un tormento eterno, encadenado en los montes del Cáucaso, mientras que un ave rapaz le devora las vísceras. Todavía es uno de los héroes nacionales de Georgia, aunque según la mitología fue liberado por Hércules, para enfrentarse después a los dioses del Olimpo junto al resto de los hijos de Atlas. Una de las últimas versiones soviéticas de Don Quijote, la de Rezo Chkheidze, mezcla este mito con el del caballero de la triste figura.


Mary Shelley titula Frankenstein o el Moderno Prometeo a su famoso relato que dio origen al mito del cinematográfico monstruo sin nombre propio. Según ella, el moderno prometeo es Víctor Frankenstein, el científico que desafía las leyes del bien y del mal y por tanto se enfrenta al castigo de la naturaleza, que es inexorable. El monstruo creado por su ambición se rebela contra él.

Películas como Blade Runner de Ridley Scott (que estrena próximamente una película titulada Prometheus) continúan esta lectura sapiencial, de carácter preventivo. Para los fundadores del Rockefeller Center, sin embargo, este mito no era una advertencia sino un modelo a imitar, pues simboliza las ambiciones de transformar el mundo propias del momento, en este caso mediante la economía global del gran capitalismo. De hecho, en el muro de granito que hace de fondo a la escultura puede leerse una frase tomada de Esquilo:

Prometheus, teacher in every art, brought the fire that hath proved to mortals a means to mighty ends.” (Prometeo, maestro en todas las artes, trajo el fuego que ha supuesto para los mortales un medio para fines poderosos)

Los grandes prohombres del capitalismo americano, como los videntes de la revolución socialista y los líderes de los partidos nazis o fascistas del momento, querían emparentarse con la raza de titanes semidioses que dirigen los destinos de los hombres en el dominio del mundo.

El Prometeo del Rockefeller Center comparte con el Atlas una estética figurativa grandilocuente que tiene muchos puntos en común con en el -mal llamado- realismo socialista o los idealismos fascistas más o menos raciales.

Sirvan estos conocidos ejemplos del taller del escultor favorito de Hitler, Arno Breker, en concreto su versión de Prometeo, o una de las muchas esculturas que recoge el Museo de monumentos soviéticos de Budapest.

Pero no sólo es una coincidencia formal: en el Rockefeller Center, tanto las esculturas que lo decoran como los relieves e inscripciones hacen referencia a un tema muy propio del periodo de entreguerras: la fe en el poder de una humanidad autónoma, liberada de la esclavitud de un Dios que se reserva el privilegio de decidir lo que está bien o mal.

Es la base de un humanismo ateo que ha alimentado las utopías más destructoras de la historia. Parece cumplirse lo que afirma De Lubac sobre los que desean construir un cielo en la tierra, que acaban produciendo, sin quererlo, un infierno:  “No es verdad, como se dice en ocasiones, que el hombre no puede organizar el mundo de espaldas a Dios. Lo que sí es verdad es que el hombre, si prescinde de Dios, lo único que puede organizar es un mundo contra el hombre” (De Lubac. The Drama of Atheist Humanism, Ignatius Pres, San Francisco, 1995, p.14. Edición francesa en 1944).

Por supuesto, en la religiosa América estas ideas se expresan siempre con más mesura y sentido común que en la radical Europa. Y también con más libertad para integrar las diferencias.

Es sintomático que Diego Rivera fuera escogido para pintar los frescos ‘El hombre en el cruce de caminos’ y ‘El hombre controlador del universo’ para el Rockefeller certer; unos murales que finalmente fueron rechazados por incluir un retrato de Lenin y caricaturizar al propio promotor de la obra: una exposición en el MOMA recuerda este evento).

Adorno previno contra la dictadura del capitalismo, que por ser menos evidente, podría ser más peligrosa que los totalitarismos de su tiempo. Es conocido que la eficacia de la propaganda es mayor cuanto más pasa desapercibida. Quizás se deba a esta forma sutil de mostrarse que el capitalismo siga vivo, como la última de las ideologías prometeicas del siglo XX. Algunos de sus efectos perniciosos los estamos padeciendo, desde Wall Street, en forma de especulación monetaria que provoca crisis mundiales.

Evidentemente, para bien o para mal, la ideología que hizo levantar el Rockefeller Center exhibe aún sus símbolos para ser admirados por millones, mientras que los emblemas Nazis, fascistas o soviéticos han sido destruidos o retirados a cementerios de estatuas.

El Atlas de Rockefeller Center es un icono que ha llegado a utilizarse en los sellos postales de EEUU, a pesar de que fue muy polémica su colocación en frente de la iglesia de San Patricio, como si estuviera amenazando a los que salen por su portada principal. Es llamativa esa disposición porque también el contenido, sufriente por la humanidad y con los brazos en cruz, pretende ser un símbolo equiparable al de Jesucristo.


Me parece exagerado pensar que ese mensaje expresaba una ideología siniestra, pero es evidente que San Patricio “molestaba” a los prometeos constructores del Rockefeller Center. Por eso quisieron anular su escala de catedral, ridiculizándola frente a los enormes rascacielos.

Por aquel entonces, en 1936, la catedral católica sólo era una iglesia de las afueras, en una bella avenida que con el tiempo sería principal, pero que todavía no era tan céntrica. Hoy sin embargo está ya en el corazón de Manhattan, quizás la zona más hermosa de la isla de los rascacielos, y por tanto también la más concurrida.

De este modo, como la ostra que trata de anular con su nácar la presencia incómoda de una partícula molesta y crea una preciosa perla alrededor de ella, hoy Rockefeller Center es la causa fundamental de que multitudes visiten cada día la iglesia de San Patricio.

Incluso estéticamente la catedral goticista ha mejorado mucho al combinar la monótona decoración de acantos y crucerías con los mil reflejos y luces contrastadas que recibe de su entorno. Es todo un acontecimiento toparse en medio del espacio urbano más denso y moderno del planeta con una pieza semejante del pasado; un remanso de paz medieval en medio del fascinante bullicio de la gran ciudad moderna.

En este sentido, el Rockefeller Center, con su Atlas encarado contra la catedral de San patricio, es una muestra evidente de la paradoja de la Cruz: lo que era un símbolo del mal se convierte en la causa de un bien mayor. San Patricio sigue convocando a todos los paseantes, también a los que contemplan esta estatua y no saben nada sobre su origen y significado.

Y para los no creyentes, digamos que, por azar, la obra de arte se hace a sí misma, superando con creces la voluntad de sus artífices. El que los accidentes imprevistos contribuyan el gran relato es algo muy fotográfico -y cinematográfico (Orson Welles solía decir que aquí está el secreto del buen cineasta), siempre y cuando se sepa interpretar este azar, para integrarlo en el relato general. Nueva York lo integra todo en su constante fluir. Por eso Nueva York, no sólo es el centro mundial de la fotografía y del cine, sino también la gran capital de nuestro tiempo, la Metrópolis por excelencia.

Últimamente, como si cumpliera la profecía de Metrópolis de Fritz Lang, la Atlántida que simboliza el Rockefeller Center parece tambalearse de nuevo, y arrastrarnos a todos, Atlas y Prometeo incluidos, a fondo del océano global.

Y no es esto, en mi opinión, porque se esté cumpliendo la profecía de Ayn Rand en su distopía La Rebelión de Atlas (Atlas Shrugged, literalmente “Atlas se encogió de hombros”), del 1957, que vaticina la rebelión de las masas manipuladas por la izquierda populista; es más bien por causa de estas mismas ideas que ella defiende sobre el individualismo capitalista sin cortapisas, que tanto impacto han tenido en América.

Aún así siempre habrá esperanza, como ya escribió Unamuno, cuando libera a Prometeo de sus cadenas, puesto que ya no tienen sentido sus sufrimientos, una vez que Cristo el Redentor ha venido al mundo y cargado con ellos.

De hecho, el Hércules liberador de Prometeo, ha sido visto desde la Edad Media como la prefigura clásica del Mesías cristiano.

Terminamos así como hemos empezado, con Hércules y Átlas en el Jardían de las Hespérides, que supuestamente estaba en España, pero que resucita ahora en el remanso de paz de San Patricio, rodeado por la preciosa perla dorada del Rockefeller Center en esa enorme ostra metropolitana que es Manhattan. ¿Mitología o realidad histórica?

 


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13 Respuestas a “Rockefeller Center: La Atlántida Global y sus símbolos

  1. Muy interesante, sobre todo el símil de la perla y la ostra. Sin embargo, he de decir que también la Iglesia tiene frescos, pinturas e imágenes apoteósicas que en su momento buscaban rivalizar con los antiguos dioses y titanes clásicos, más que nada porque se basaban en antiguas esculturas si no me equivoco. A mí personalmente la figura de Prometeo me fascina, porque nos trajo el fuego desafiando a los dioses (según el mito, claro). Es como la ilustración y la modernidad que nos trajeron la educación pública, el conocimiento y la ciencia frente a las fundamentalistas supersticiones religiosas, purificando la fe cristiana y superando su erróneo empeño en basar todo conocimiento en la fe, como cuando se negaba que la tierra fuese redonda o que no fuese el centro del universo… entre otras muuuuchas cosas (los Testigos de Jehová prohiben las transfusiones de sangre). No obstante, el triunfo de Prometeo fue incompleto, y nuestra civilización representa más bien el mito de Sísifo, como diría Camus.

    • Gracias. Tienes razón que es una estética que tuvo éxito también en un determinado momento histórico en España, aunque aplicada al arte religioso (las esculturas del Monumento a los Caídos son muy representativas). Quizás por eso, por la mala utilización de la belleza clásica al servicio de las ideologías, se produjo un alejamiento de la escultura más sagrada -en un sentido amplio- hacia las formas abstractas, con artistas como Chillida u Oteiza, por ejemplo. También en pintura, los líricos franceses, reaccionaron contra el mal uso de la estética griega alejándose de esta, y mucho del feísmo contemporáneo tiene que ver también con esa mala utilización de la belleza griega. Yo también creo que Prometeo es un héroe muy interesante, y cristianizable, como hace Unamuno. El Papa, en su discurso de Ratisbona hizo una defensa clara de la razón y la civilización contra el fanatismo religioso. También me gusta tu idea sobre Sísifo y el estado actual de nuestra civilización.

  2. Por continuar con la dicusión, diría que el mito de Prometeo es interesante pero muy ambiguo y algo maniqueo. Al dividir el mundo en dos esferas que se encuentran enfrentadas de entrada: Zeus y los dioses del Olimpo frente a los seres humanos. Prometeo roba el fuego a los dioses y se lo da a los humanos para que progresen. Por lo que Zeus le castiga. En esta caso, Zeus -que representa la divinidad- ofrece una imagen arrogante y despótica, y en cambio, Prometeo el hombre del pueblo preocupado por sus inferiores y que no duda en hacer de Robin Hood para ayudarles.

    Se trata de un mito que escenifica la lucha de contrarios y la lucha de clases -con base dialéctica-. En la que uno tiene que ganar y otro tiene que perder. En cambio, para el cristianismo Dios no se opone al progreso (Zeus), ni lo promueve sólo con vistas al bienestar (Prometeo- al menos el que interpretan los capitalistas). Sino que Dios crea a los seres humanos libres (fuego) desde el principio. Y aunque estos caen, los levanta de una vez para siempre con la venida de Cristo. Para el cristianismo, la relación superior-inferior no es de lucha, sino de amistad.

  3. Así es. Pero si te quedas sólo en el Antiguo Testamento, sin interpretar el Génesis a la luz de Nuevo, puedes comparar a Dios con Zeus. Y en la cultura americana hay mucho de maniqueismo veterotestamentario. Es entonces cuando la religión se ve como opresora, y enemiga de la razón. Y sólo cabe oponerse a ella, a veces con razón. Mucho del alejamiento actual de la religión se debe a que los fanáticos dan una imagen nefasta. Pero Cristo es enemigo de todo fanatismo, y por eso puede incluso integrar en su persona lo mejor de los mitos antiguos… Por ahí va mi enfoque. En las entradas sobre El árbol de la Vida profundizo un poco más en este tema. Saludos

  4. Miguel, no creo que un mito clásico represente lucha de clases. El materialismo dialéctico y el proletariado como clase social concienciada es bastante posterior. La metáfora aceptada comúnmente, es la de la Prometeo como ilustrado, como educador, como maestro laico, como científico que ilumina, que obsequia a la humanidad con la llama del conocimiento, del logos, iluminando el oscurantismo del mithos impuesto los dioses al hombre, temerosos ellos de que éste tuviese acceso a su invención. Prometeo representa a Galileo, a Giordano Bruno… y tantos otros en múltiples religiones, como en el Islam. Aunque no hay que ser maniqueísta, pues Martín Sarmiento o el Benito Jerónimo Feijoo, religiosos ambos, fueron pioneros en los derechos de la mujer (http://www.filosofia.org/bjf/bjft116.htm). Sin embargo esto se produce en la Ilustración, cuando el conocimiento científico comienza a limpiar de superstición la vida diaria y la religión. Prometeo, como ellos, es el mito de un hombre científico que desafía a unas autoridades religiosas omnipotentes, equivocadas y ultraconservadoras para liberar y fortalecer a un pueblo oprimido y vulnerable.

    • Gracias por tu comentario David.

      Sí que es cierto que la lucha de clases es una teoría posterior al mito clásico de Prometeo. Pero, no intentaba identificar ambas teorías, o incluso reducir la una a la otra, porque sería un claro anacronismo. Más bien, quería mostrar que hay algo que subyace al mito de prometeo y que es la dialéctica. Como bien sabrás, la dialéctica no es una invención moderna. Sino un método de explicación del origen de las cosas y de las relaciones de unas con otras. Como tú dices se encuentra presente en el materialismo dialéctico, y antes en Hegel, pero no es menos cierto que ya Heráclito habla de la lucha de contrarios.

      En todos estos modos de entender el mundo desde la dialéctica, es preciso que haya dos contrarios irreconciliables, por lo que están en perpetua lucha. Aquí es donde se da un cierto paralelismo con los maniqueos (donde bien y mal están separados en tanto que principios irreconciliables). Pues bien, este modo de entender la relación de las cosas unas con otras subyace al mito de prometeo (en este caso, los dioses y los hombres). Por simplificar, los dioses son muy malos y los seres humanos son muy desgraciados. Unos lo tienen todo y no quieren compartirlo y los otros no tienen nada y son explotados.

      Por otro lado, que Prometeo es una figura que representa todo lo que tú dices me parece que es verdad. Pero, prefiero no tener que pensar que alguien tiene que ser “el malo” para explicar acontecimientos históricos, el progreso de la civilización o mi situación actual. Por eso hablaba de que la libertad se posee de entrada, aunque luego se pueda crecer en ella con el conocimiento y la superación de supersticiones.

  5. Es cierto que la dialéctica es anterior, pero hay muchos tipos y lo que yo dije es que en el mito de Prometeo no está presente la dialéctica materialista. Todo el mundo se rige, de un modo u otro, por la dialéctica aunque sólo sea por el principio lógico de que una cosa no puede ser y dejar de ser lo que es, es decir, 1 es 1 y no 2 porque dejaría de ser 1. Hay una excepción a esto, que es la Trinidad, Dios es uno y trino, pero esa es otra historia.

    El cristianismo también es maniqueo en cierto modo. Hay un bien y un mal dentro del hombre, como el auriga de Platón con su caballo pasional desbocado frente al “bueno y fiable”, hay un demonio y un ángel. Lo que tú estás diciendo se acerca peligrosamente, en tanto que supongo que sigues el dogma católico, al relativismo. Del mismo modo que 1+1=2 en matemáticas de base uno, si el hecho de que el hombre viva en mejores condiciones de salud, con más conocimiento y más innovaciones es bueno, la ilustración es buena y todo lo que vino después es mejor al oscurantismo medieval, con sus guerras, plagas, enfermedades, alta mortalidad infantil, ignorancia… y un largo etc. Por eso tras la ilustración el volumen de población aumentó exponencialmente, porque la civilización es muy superior y puede ofrecer mejores condiciones de vida. A pesar de las guerras mundiales yo creo en el progreso y en que los humanos somos muy desgraciados y que más lo seríamos si no tuviésemos libertad de pensamiento y medios para alcanzarla. De Dios no opino porque yo aún no me he encontrado cara a cara con él, pero espero hacerlo algún día, y que saque conclusiones más positivas de lo que se ve en este valle de lágrimas.

  6. Desde casi el principio, el cristianismo ha incorporado lo mejor de la tradición mítica anterior a su cosmovisión cultural, adaptándola al mensaje nuevo. No es un fenómeno sólo de los padres de la Iglesia; se da en la Edad Media, el Renacimiento, y llega hasta nuestros días. De hecho, hay pensadores como Tolkien o Chesterton que defienden que esos mitos eran algo así como el Antiguo Testamento del mundo pagano. Y esto llega hasta la Ilustración y el Neoclasicismo, que no se hubiera producido en otro lugar que no fuera la Europa cristiana, pues las raíces del librepensamiento -el atrévete a saber de Kant- están en la universidad medieval y renacentista.

    Otra cosa es que el paganismo se utilice como alternativa a lo cristiano, como ocurre en los humanismos ateos. Entonces no sólo se le quita a los mitos paganos lo mejor que tienen como sabiduría humana, sino que se convierten en una forma de justificar las mayores barbaridades sociales, basadas en la raza, la lucha de clases o el individualismo del génio. Al final, se impone una visión ideológica colectivista -e inevitablemente autoritaria: el poder de los líderes que se autoproclaman guías del pueblo- que sólo puede triunfar cargándose la libertad y la moral del humanismo cristiano.

    Panofsky escribió sobre esto, cuando ya en su tiempo, el del Rockefeller Center, le atacaban desde las ideologías de extrema izquierda o derecha, por defender el humanismo que da por supuesto tanto la dignidad de la persona, fundada en la afirmación de los valores de racionalidad y libertad, como la aceptación de sus límites (falibilidad y fragilidad), de donde se derivan tanto la responsabilidad como la tolerancia. Termino con este profundo pero iluminador párrafo suyo:

    “No es extraño que una actitud semejante haya sido atacada desde dos campos opuestos, alineados recientemente en un frente común por su aversión compartida hacia las ideas de responsabilidad y de tolerancia. Parapetados en uno de estos campos se encuentran quienes niegan los valores humanos: los deterministas, ya crean en una predestinación física, social o divina; los autoritarios, y esos ‘insectólatras’, en fin, que profesan la hegemonía absoluta de la colmena, ya se denomine a ésta grupo, clase social, raza o nación. En el otro campo se sitúan quienes niegan los límites del hombre en provecho de una u otra forma de libertinismo político o intelectual: figuran entre éstos los vitalistas, los esteticistas, los intuicionistas y los adoradores del héroe. Desde el punto de vista del determinismo, el humanista es un alma perdida o un ideólogo. Desde el del autoritarismo, es un herético, o bien un revolucionario (o un contrarrevolucionario). Desde el de la ‘insectolatría’, no es otra cosa que un individualista inútil. Finalmente, según la óptica del libertinismo, trátase de un burgués tímido”.

    Curiosamente, esas reflexiones terminan con una alusión a Prometeo: “Si la civilización antropocrática del Renacimiento tiende, como así lo parece, a una suerte de ´Edad Media a contracorriente´ (como una satanocracia contrapuesta a la teocracia medieval), no sólo entonces las humanidades, sino también las ciencias de la naturaleza, como nosotros las conocemos, desaparecerán y nada quedará excepto lo que esté sometido a los dictados de lo infrahumano. Pero ni aun entonces perecerá el humanismo. Fácil es encadenar y torturar a Prometeo, pero el fuego que su antorcha ha encendido nunca se extinguirá”.

    PANOFSKY, E. Estudios sobre Iconografía, Alianza, Madrid, 1972, p. 19 y ss.

  7. Este Prometeo del R.C hurta su ambivalencia al espectador ante el que se manifiesta,pues si bien arrebata y dona el fuego a los hombres,también les procura los males de Pandora.

    ” En efecto, antes vivían sobre la tierra las tribus de hombres libres de males y exentas de la dura fatiga y las penosas enfermedades que acarrean la muerte de los hombres .Pero aquella mujer , al quitar con sus manos la enorme tapa de una jarra los dejó diseminarse y procuró a los hombres lamentables inquietudes…Mil diversas amarguras deambulan entre los hombres:repleta de males está la tierra y repleto el mar…” Hesiodo,Trabajos y Días.

    El mito vaciado de parte de su contenido evidencia la intención del comitente de la obra de Paul Manship. Así,la liberación de la llamada “superstición” abriría un futuro de ilimitado progreso para la humanidad .Pero considerado en su integridad el mito parece invitar a una revaluación de los progresos del último siglo ,en el que la humanidad convertida a la nueva redención prometida por diversos cientifismos sociales ha hecho gala tanto de excelsas declaraciones como de acciones abominables.

  8. Pingback: Nueva York clásico (I) | Nihil sub sole novum·

  9. Nueva York fue un encuentro de varias culturas, y alli se chocaron, tambien abusaron de los conocimientos de la gente, todos sabemos que el capitalismo es un negocio, y ahora esas tierras con agua dulce puras estan en peligro, para hacer de ellas una nueva metropolis, uno es de donde es, y lo que tiene no esta mal, viva nuestras madres patrias, no hay nada mejor vivir y compartir con la gente con la que siempre has vivido, seas de un pueblo que no conoce nadie o New York, la emigracion es muy dura, vivi muchos años a miles de kilometros lejos de casa, y ahora soy feliz junto a mi familia y cercanos.

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