Perú, el imperio de la fotografía

Estuve en Perú con ocasión de las Jornadas de 3DMM (tres días dedicados a reflexionar sobre los Medios de masas), que la Facultad de Comunicación de la Universidad de Piura organiza cada año, y que en esta ocasión tuvieron a la fotografía como protagonista. El resumen de las Jornadas puede seguirse en el enlace de arriba, que incluye también entrevistas, y algunos vídeos promocionales del evento que me hicieron los alumnos de audiovisual y que pueden verse justo al final del blog.

Tuve además que impartir una conferencia para la asignatura de redacción sobre historia de la comunicación, titulada Del Texto al Hipertexto. El contexto peruano permitía perfectamente hablar de algunos acontecimientos claves de la historia de la comunicación. Texto y tejido tienen una misma raíz lingüística, quizás porque ambos remiten al Neolítico, a ese hombre que se hace sedentario, construye casas y crea la escritura para fines de contabilidad o de comunicación básica entre pueblos. La misma raíz de texto y tejido está también presente en la palabra arquitectura: lo tectónico tiene que ver con que las primeras casas eran de tejido, y todavía el lenguaje conserva términos relacionados con esto (detectar –quitar el techo; proteger –ponerlo; hilar palabras, deshacer el nudo, etc.). Como ha estudiado Agustín Sánchez Vidal, y narrado en su novela histórica Nudo de Sangre, en el Perú incaico esta confusión era algo muy natural, puesto que la escritura Inca estaba estrechamente relacionada con los tejidos. Los famosos qipus, o nudos, servían para contabilidad y para llevar también los tiempos en la memoria histórica colectiva. Por eso lo qipucamayok, o escribas e intérpretes de los nudos, eran una clase privilegiada, imprescindible para la buena salud del Imperio.

Hoy los qipucamayok son globales, controlan la información mundial, y también están relacionados con un tipo de escritura numérica o digital que se organiza en nudos y redes. Los que manejan Google, Facebook y demás redes de comunicación y distribución de información y conocimiento, controlan la memoria, tienen la llave del pasado y del futuro del mundo en que vivimos. Se han hecho imprescindibles para todo, y como al principio, su papel tiene que ver sobre todo con la gestión de información que otros generan.

La novedad reciente es que también las imágenes generadas mecánicamente dependen de ese tipo de escritura digital, se integran de modo natural en el hipertexto, perdiendo muchas de sus características fundamentales. El espejo de la memoria fue definida ingenuamente la fotografía en su origen, pues como mecanismo de grabación de la realidad, más que de representación – y recreación- de ésta, suponía una primicia revolucionaria en la historia de las imágenes.

Fontcuberta, en La Cámara de Pandora (2011), dice que hemos pasado de un tipo de fotografía que se inscribe (la analógica) a un tipo de fotografía que se escribe (digital o numérica), y en la que por tanto ya no queda apenas referencia indicial ni huella de la realidad.

Esto último es discutible, pues la fotografía siempre será una imagen grabada, no recreada, o no será fotografía; pero no cabe duda de que hemos vuelto de nuevo al dominio del texto como base creativa, y la realidad ha pasado a un segundo plano, también en la fotografía. Se trata de un hipertexto numérico (basado en unos y ceros), que recuerda mucho a la primera escritura de contabilidad del Neolítico. Las cavernas de entonces son ahora los museos, últimos refugios del aura –ese vínculo mágico con lo real- que nos queda en la era virtual. Aunque también la calle depara de vez en cuando sorpresas.

Mi llegada a Lima coincidió con una Noche en Blanco del barrio Miraflores, en la que pudimos empezar a desbarrar -mi Jet lack se mezclabla con el insomnio artístico festivo- sobre la imagen en la era digital. La obra “El ojo” de Eduardo Tokeshi, situada en Diagonal, la calle protagonista del evento, era un globo gigante suspendido e iluminado sobre el que podía verse una proyección dinámica, con vida propia, o así lo parecía cuando hacía contacto visual contigo. Era un objeto tridimiensional que se movía, y te miraba con enorme poder. Una imagen plana no puede causar tal efecto, ni siquiera si es fotografía o cine en 3D. La escultura urbana dinámica, basada en luz proyectada puede todavía remover en nosotros una emoción primitiva. Es lo del globo ocular una idea muy simple, pero de resultado impactante. Y no lo puedo mostrar aquí, hay que verlo en directo.

Lo más chocante es el uso fotográfico que se hizo en el periódico de este interesante experimento artístico. Lo que era en directo una Luna artificial que te implicaba activamente a participar en los eventos, pasa a ser en los medios un recuerdo de ese gran hermano de las cámaras de videovigilancia que siempre nos acechan…

Las Jornadas fueron impresionantes, con momentos inolvidables como cuando Heinz Plenge se emocionó contando la triste noticia de los delfines y pelícanos muertos en masa, que él mismo denunció a la prensa internacional para intentar que las autoridades peruanas se tomaran en serio el problema. Su amor profundo a la naturaleza, que tan bien transmiten sus fotografías, no pudo ser más expresivo cuando tuvo que interrumpir la conferencia porque la congoja le impedía hablar.

También fue sublime la exposición de Roberto Huarcaya, fotógrafo peruano encumbrado a las altas esferas de la fotografía artística internacional, y que nos sorprendió con sus trabajos, premiados o no, pues también en su primera época, más desconocida fuera, hizo cosas admirables. Pero no fue menos interesante la exposición de los antiguos alumnos que hoy viven de la fotografía en Lima o en la propia Piura, como recoge el resumen de las Jornadas.

Faltó uno de ellos, Rodrigo Rodrich, también antiguo alumno mío, por su estancia en Pamplona, y que ahora trabaja para El Comercio en Iquitos. Publicaron un reportaje suyo que no me resisto a comentar aquí. Fotografía de retrato colectivo, de una tribu indígena, los Maijunas, en su propio “estudio” natural. Todo un alegato de fotografía peruana que sigue la mejor tradición de los grandes fotógrafos de Estudio peruanos, como Chambi, Chani, los Vargas, etc.

A propósito de fotografía antigua, en la Universidad de Piura se inauguró una exposición del fotógrafo Rubén Quevedo de Ayabaca, que antes estuvo en Lima, y que comisariaba mi colega Andrés Garay, gran experto en la obra de Martín Chambi. Está claro que Perú sigue deparando sorpresas de fotógrafos desconocidos que hicieron trabajos admirables.

Pude ver en Lima dos magníficas exposiciones de este tipo de fotografía antigua que, como ocurrió con Martín Chambi, asombra al mundo cuando se da a conocer como merece. La del Figueroa Aznar, y la de tipos limeños de Roberto Huarcaya en diálogo con los dibujos de Pancho Fierro y Miguel Aguirre. Pero hay muchas más exposiciones para visitar, y todas ellas merecen la pena. La Bienal de Lima se está situando ya entre las mejores del panorama internacional en lengua española, y vale la pena usarla como pretexto para conocer ese fantástico país en el que la fotografía Impera como antes lo hiciera el Tahuantinsuyo

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Una respuesta a “Perú, el imperio de la fotografía

  1. Gracias Jorge por compartir tu experiencia en Perú e ilustrarnos en este aspecto del país desconocido para muchos peruanos (entre los que me incluyo). Ha sido un honor que estuvieras por estas tierras. ¡Enhorabuena por tu excelente trabajo!

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