Duchamp y Benedicto XVI

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Lo que ha hecho Benedicto XVI podría equipararse a una de las muchas provocaciones del artista considerado más influyente en el siglo XX: Marcel Duchamp. No cabe duda de que esta novedad –relativa, pero novedad- sentará un precedente a imitar, nos guste o no. Pero  escribo esto porque las confusas críticas que le están cayendo al Papa por su decisión de retirarse me han recordado las regañinas que tuvo que soportar Duchamp a raíz de una tardía exposición de homenaje al Surrealismo que tuvo lugar en Nueva York, en 1960.

Salvador Dali - The Sistine Madonna 1958

Los surrealistas de André Bretón le pidieron a Duchamp ayuda para organizarla, y él puso como condición que figurara en ella una obra de su amigo Dalí, enfrentado a los Surrealistas desde la Guerra Civil, cuando fue expulsado del grupo por no ser comunista. En concreto, la obra escogida fue la Madonna de la Sixtina, que hace aparecer en una oreja gigante la famosa Madonna Sixtina de Rafael; esto es, como solía hacer Dalí, combina dobles imágenes bajo la apariencia de puntos que son finalmente la sombra de una cereza.

Salvador Dali - The Sistine Madonna (detail) 1958

Dalí estaba por aquel entonces obsesionado por la mística atómica, una curiosa mezcla de espiritualidad cristiana y argumentación según las teorías más avanzadas de la ciencia del momento. Unas obsesiones que le hicieron volver a la fe cristiana, a su manera, pero de un modo católico. Fue muy criticado por todo esto, y también por su apoyo al régimen de Franco, aunque él se declarara siempre monárquico-anarquista. Es famosa su conferencia en París, donde provocó a los franceses diciéndoles que era para él un honor estar en la Sorbona para anunciar a los parisinos que, como siempre, ellos serían los testigos y amplificadores de esa gran revolución mística que estaba produciéndose al otro lado del Pirineo (Prólogo a su libro “Los cornudos del viejo arte moderno“).

Cornudos

Nada podía ser más surrealista que la Madonna Sixtina… pero también nada más provocador que un tema religioso para un grupo de provocadores oficiales que se habían alineado con el comunismo ateo y convertido a Bretón en pontífice de la nueva religión surrealista, contra el surrealismo (como Stalin lo fue de la comunista, contra el comunismo). Pues bien, Duchamp consiguió que se expusiera la obra de Dalí de 1958 en esa exposición de 1960, y provocó una tremenda reacción posterior de los surrealistas, tanto por palabra como por escrito, que llevaron a Duchamp a romper definitivamente sus relaciones con ellos y viceversa. El Gran Vidrio podría simbolizar muy bien esta rotura.

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¿Qué tiene que ver todo esto con Benedicto XVI? Pues poco, pero es un pretexto para hablar de ese cuadro de Dalí. Lo que el Papa ha hecho es una provocación en toda regla, pero según las normas previstas, y sobre todo según el modelo de Escucha en la oración, que él siempre ha defendido, y que está muy bien representado en la Madonna Sixtina de Dalí. Unas sabias palabras de Benedicto XVI, tomadas de su más reciente libro sobre Jesús de Nazaret, me recordaron ese famoso cuadro, más teológico de lo que piensan algunos críticos, como bien supo ver Bretón; y por eso la rabia que le produjo la exhibición en la que él quería fuera Su exposición surrealista y no la de Duchamp. Pero Duchamp, como buen ajedrecista que era, ganó con jaque mate, y su arte sigue influyendo todavía hoy en artistas de fama muldial como Hirst, que ya está inmortalizado en el LEGO (no es demasiado, pero algo es). Las pongo a continuación.

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Benedicto XVI, La Infancia de Jesús, Planeta, 2012, pp. 24-25:

Bernardo de Claraval describe dramáticamente en una homilía de Adviento la emoción de este momento. Tras la caída de nuestros primeros padres, todo el mundo queda oscurecido bajo el dominio de la muerte. Dios busca ahora una nueva entrada en el mundo. Llama a la puerta de María. Necesita la libertad humana. No puede redimir al hombre, creado libre, sin un «sí» libre a su voluntad. Al crear la libertad, Dios se ha hecho en cierto modo dependiente del hombre. Su poder está vinculado al «sí» no forzado de una persona humana. Así, Bernardo muestra cómo en el momento de la pregunta a María el cielo y la tierra, por decirlo así, contienen el aliento. ¿Dirá «sí»? Ella vacila… ¿Será su humildad tal vez un obstáculo? «Sólo por esta vez —dice Bernardo— no seas humilde, sino magnánima. Danos tu “sí”.» Éste es el momento decisivo en el que de sus labios y de su corazón sale la respuesta: «Hágase en mí según tu palabra.» Es el momento de la obediencia libre, humilde y magnánima a la vez, en la que se toma la decisión más alta de la libertad humana.

María se convierte en madre por su «sí». Los Padres de la Iglesia han expresado a veces todo esto diciendo que María habría concebido por el oído, es decir, mediante su escucha.

madonna sixtina

A través de su obediencia la palabra ha entrado en ella, y ella se ha hecho fecunda. En este contexto, los Padres han desarrollado la idea del nacimiento de Dios en nosotros mediante la fe y el bautismo, por los cuales el Logos viene siempre de nuevo a nosotros, haciéndonos hijos de Dios. Pensemos por ejemplo en las palabras de san Ireneo: «¿Cómo podrán salvarse si no es Dios aquel que llevó a cabo su salvación sobre la tierra? ¿Y cómo el ser humano se acercará a Dios, si Dios no se ha acercado al hombre? ¿Cómo se librarán de la muerte que los ha engendrado, si no son regenerados por la fe para un nuevo nacimiento que Dios realice de modo admirable e impensado, cuyo signo para nuestra salvación nos dio en la concepción a partir de la Virgen?» (Adv haer IV, 33,4; cf. H. Rahner, Symbole der Kirche, p. 23).

Pienso que es importante escuchar también la última frase de la narración lucana de la anunciación: «Y el ángel la dejó» (Lc 1,38). El gran momento del encuentro con el mensajero de Dios, en el que toda la vida cambia, pasa, y María se queda sola con un cometido que, en realidad, supera toda capacidad humana. Ya no hay ángeles a su alrededor. Ella debe continuar el camino que atravesará por muchas oscuridades, comenzando por el desconcierto de José ante su embarazo hasta el momento en que se declara a Jesús «fuera de sí» (Mc 3,21; cf. Jn 10,20), más aún, hasta la noche de la cruz.”

Angelote

Por eso, aunque provoque las iras de algunos Bretones eclesiásticos de turno, y también la perplejidad la de los que no entienden nada de lo que pasa en la Iglesia, seguramente la decisión de Benedicto XVI es la más acertada.

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7 Respuestas a “Duchamp y Benedicto XVI

  1. Jorge, agradezco que todo lo quieras relacionar con el arte: la vida queda plasmada en él, se conocen nuevos aspectos de la misma y cuando es Arte en mayúsculas nos ayuda a trascender y ahondar en el alma. Además, hablar de arte (directa o indirectamente) es la principal función de este blog.

    El mismo Benedicto XVI nos habló de la Belleza en Barcelona (“La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo”). Y, siguiendo una línea ascendente, Juan Pablo II nos dejó esa hermosa “Carta a los artistas”.

    Pero aquí hay algo que me “chirría” mucho. Debo pensar más sobre ello, para atinar con las palabras. Será porque el arte conceptual me parece falto de esa profundidad que nos lleva a lo más verdadero (aunque seguramente esta sea una opinión muy personal) y siento que la corriente entre cuyos percusores se encuentran artistas como Duchamp está alejada de toda esa humildad que ha envuelto la decisión de Benedicto XVI.

    En fin, por decirlo con otras palabras: una comparación bienintencionada que no termina de cuajar. Pero seguiré pensando sobre ello.

  2. Jorge, María tiene razón. Duchamp y Dalí no eran precisamente unos beatos sacrificados, más bien unos polemistas de primera, Dios lo guarde en su gloria. El Papa lo ha dejado porque no está en condiciones físicas para continuar con sus responsabilidades, nada más, en principio.

    Al parecer hay una norma que impide escoger a ningún Papa que tenga más de 80 años o así. Si la plenitud física y mental del hombre es a los 30… Digamos que le añadimos otros 20-30 años… Cundiría tener un Papa maduro, que no anciano, para que guíe a la Iglesia… pero vistos los candidatos, la cosa está jodida. En todo caso deberían reducirlo a 70 años máximo para poder ser elegido. A mí me pone muy nervioso ver a un venerable anciano, que tiene que ir prácticamente con andador, cual enfermo terminal, recorrer medio mundo para liderar a la Iglesia. Eso no motiva, deprime.

    Estaría bastante guay que el próximo Papa sea africano o sudamericano, incluso asiático. Ya es hora de evangelizar de nuevo. Estoy aburrido de los blancos, además, Jesús no era rubio de ojos azules precisamente. Sólo aceptaría de buen grado un Papa “blanco”: Rouco Varela. Su elección, actualmente imposible sería, con perdón, épica. Sea como sea, espero que el Papa que venga dé más caña, sea menos Santa Claus, y se enfrente a las hordas musulmanas y ateas que amenazan con acabar con el cristianismo.

  3. Interesante propuesta y comparación la tuya, jamas se me hubiera ocurrido y el atrevimiento ilumina. Efectivamente según respondes a David, este tema hay que mirarlo en clave espiritual más que en clave física, pero no olvidemos que también hay una razón física que ha llevado al Papa a tomar esta decisión, que probablemente le suponga una enorme cruz. Lo físico y lo espiritual están asombosamente unidos en el ser humano. Esto es lo que más me fascina del hombre. Juan Pablo II y Benedicto XVI, con sus dos actitudes han presentado al mundo la grandeza de esta realidad y la hermosa libertad del hombre. Ellos siguen siendo para mi el binomio perfecto, mis dos grandes padres… Estoy segura de que el “Gran Padre” sacará mucho bien de todo este misterio.

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