Primavera riojana

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Esteban Manuel Villegas no solo da el nombre el Instituto público de Nájera (La Rioja) que me preparó para la vida, sino que es un mal poeta con el que me identifico mucho, quizás porque como él valoro mucho el libre albedrío. A él le costó un juicio de la Inquisición, y un exilio en esas preciosas montañas que se ven al fondo de la fotografía tomada desde mi balcón… No es mal sitio, pero es un exilio. Ahí pudo escribir algunos de sus poemas riojanos, escritos en clave bucólica, “anacreóntica”, como por ejemplo éste, titulado A SUS AMIGOS:

Ya de los altos montes

las encumbradas nieves

a valles hondos bajan

desesperadamente.

Ya llegan a ser ríos

las que antes eran fuentes,

corridas de ver mares

los arroyuelos breves.

(…)
Ya del Liceo monte

se escuchan los raveles,

al paso de las cabras

que Títiro defiende.

Pues, ea, compañeros,

vivamos dulcemente,

que todas son señales

de que el verano viene.

La cantimplora salga,

la cítara se temple,

y beba el que bailare

y baile el que bebiere.

Esteban Manuel Villegas

Es curioso que en La Rioja todo se celebre con la cantimplora llena de vino, como el buen Gonzalo de Berceo celebró el nacimiento de la poesía castellana allá por el siglo XIII, en el monasterio de San Millán de la Cogolla:

Quiero fer una prosa en román paladino,
En qual suele el pueblo fablar a su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino:
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

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San Millán de la Cogolla es mundialmente conocido también como la cuna del castellano (y del euskera) escritos. Se trata de las glosas emilianenses, unas notas manuscritas al margen de un texto en latín, para servir de ayuda a algunos monjes de la zona que ya no leían tan fácilmente la lengua que había dejado ya de hablarse en la vida ordinaria.
Son del siglo XI aproximadamente y debieron de escribirse en el monasterio nuevo o de Yuso. Ahora es una enorme construcción del siglo XVI en adelante, según modelos renacentistas y herrerianos (por eso se le llama el Escorial de la Rioja), adaptados a lo accidentado del terreno en el valle.
Pero originariamente era románico, del siglo XI y XII, aunque no han quedado restos, salvo los preciosos marfiles de las arcas de San Millán y San Felices, que se pueden visitar en su pequeño museo. Sobre todo las del arca de San Millán, son una joya del románico mundial, y uno de los primeros testimonios de autoconciencia artística. Junto a los reyes de Navarra oferentes y el abad, se hacen retratar en su mesa de trabajo el artesano Engelram (magistro), su hijo Redolfo y su discípulo Simeone, seguramente alemanes de origen.
Son dos pequeñas tablas de marfil que hoy se encuentran en el Ermitage de San Petesburgo, pues el arca fue saquedada por los franceses de Napoleón, y sus marfiles abandonados a su suerte (aunque afortunadamente, la mayoría siguen en San Millán).
Marfiles artistas San Millan
Gonzalo de Berceo vivía en este monasterio nuevo, construido para dar cobijo a una numerosa comunidad de monjes, cuyas propiedades llegaban desde Huércanos (mi patria chica) hasta Sepúlveda, a más de 200 Km de distancia. Pero en sus poemas menciona un humilde portalillo en el que solía refugiarse para escribir; y ese lugar está en el antiguo monasterio, llamado de Suso (arriba en castellano antiguo, de donde queda la expresión susodicho), que está como escondido entre los bosques y es de origen visigótico-mozárabe.
En el portalillo están las tumbas de los Infantes de Lara (el poema épico más enjundioso del castellano, que se adelanta siglos al Hamlet de Shakespeare, con la imagen del padre que recibe en su exilio las cabezas de sus hijos y habla con cada una de ellas). Aquí está también el mausoleo de San Millán, en el lugar original de su sepultura, antes de que fuera trasladado al monasterio de abajo, o Yuso. Una preciosa sepultura tardorománica, junto al pequeño altar donde solía celebrar la misa de espalda al pueblo, según el rito visigótico.

Pero como hay que hablar también algo de fotografía, sin dejar de hablar de La Rioja, no me resisto a incluir un viejo e-mail que hice llegar a Joan Fontcuberta para felicitarle por su exposición fotográfica “Securitas”, celebrada en la galería de Telefónica en Madrid, con ocasión de la Photo-España 2001. Conocí esta exposición desde Nueva York, a través de una página web que él me había enviado. Para los que no la visitaron, se trataba de configurar una llave de picos a partir de un programa interactivo en el que el usuario levantaba tantas alturas como deseara, transformando en vértices los distintos puntos de cliqueo. A cada punto correspondía una montaña triangular –más o menos aguda según la altura que uno escogiera-, sin posibilidad de trazar líneas horizontales con el programa en cuestión. Una vez diseñada, la llave se convertía en una cordillera fotográfica concreta (con imágenes de los Pirineos, los Alpes, etc.)

ruido+blanco.+joan+fontcuberta

Con esta exposición se pretendía jugar con los problemas de la realidad y la mentira fotográfica, tema que tanto gusta a Joan Fontcuberta. Y, sobre todo, se invitaba a la reflexión sobre el propio paisaje natural-cultural que nos protege, y aísla o une –depende de cada quién- respecto a los demás paisajes. La llave, como la cultura, es personal, y se usa para abrir o cerrar, para invitar y acoger, o para dejar fuera, excluir.

Este es el e-mail, fechado el 5 de julio de 2001, unos meses antes del ataque a las Torres Gemelas:

Hola Joan. Te escribo rápido, pues me has sugerido un montón de ideas con tu exposición. En primer lugar, no podría dibujarte mi llave ahora, pues lleva el perfil de Manhattan; ya no todo son agujas en la vieja Gothan, desde que la Modernidad navega con vientos de la Bauhaus. Y no me dejas en tu programa opción de remontarme a las viejas llaves de paletones rectangulares, o a las más modernas de cráteres, que encajan mejor con este nuevo paisaje urbano que todas las demás ciudades tratan de imitar.  En segundo lugar, mi paisaje montañoso ancestral no es muy picudo, sino una mole, rodeada de otras moles (como estuviste en San Millán de la Cogolla recordarás algo). Se trata de la sierra en torno al Monte San Lorenzo, que estaba dedicado a Démeter –diosa del fuego- por los romanos, para sustituir, a su vez, el culto que los berones (celtíberos de La Rioja) daban a sus dioses  encendiendo hogueras en esta cumbre. Ya ves, fuego con fuego, parrilla y San Lorenzo. Horizonte, historia y cultura no pueden estar más relacionados. También quizá por esto nos gustan tanto a los riojanos las chuletas al sarmiento (asadas en la parrilla). Pues eso, que es un horizonte abierto (La Rioja siempre ha sido un cruce de caminos entre reinos históricos y viejos territorios disputados, y ésta es su identidad), y te espera, si no nos vemos antes en Manhattan. Un abrazo

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Lo de la influencia de la Bauhaus empezó en Nueva York en los años 30, cuando arquitectos expulsados por Hitler de la Alemania nacionalsocialista trajeron una estética de modernidad que eliminó del rascacielos toda decoración extraña a lo que entonces se consideraba arquitectónico: el puro racionalismo geométrico. El Empire State sería el último rascacielos picudo, rematado con aditamentos decorativos. Después vendría la estética de lo prismático, del brillo acristalado que multiplica reflejos en todas las direcciones, que se impone y llega hasta las dos torres de World Trade Center.

Más allá de móviles político-económicos, su destrucción simbolizaba la caída de un modo internacional de reflejar la modernidad, la que odian los que usan sus llaves tan sólo para cerrar. Con el atentado, la llave de Manhattan perdió sus dos paletones; y con su destrucción, al menos por un tiempo, se atascó la cerradura que daba libre entrada a todos en esta ciudad de contrastes y de promesas. También se atascaron otras muchas cerraduras por todo el mundo. Lo de la forma de llaves con cráteres fue una mala jugada del inconsciente profético.

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En el email hablo de  “nacionalismo” riojano. Siempre me he sentido orgulloso de que en S. Millán se encontraran juntos los primeros escritos de euskera y castellano; y de estudiar el bachillerato en Nájera, cuyo monasterio de Santa María la Real sigue siendo financiado por las tres autonomías, porque acoge las tumbas de los reyes navarros fundadores de Vitoria y San Sebastián, y los señores castellanos fundadores de Bilbao. Después me recibió Pamplona, y no he notado el cambio. Porque creo que el arte, la historia, los paisajes son puerta abierta, también a la modernidad. Sin dejar de configurar lo propio, la riqueza que queremos compartir con otros.

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