El 11S y sus otras secuelas

“Solía ser la Estatua de la libertad la que simbolizaba Nueva York en todo el mundo. Hoy la Libertad comparte este papel con la Muerte…. La Ciudad, por vez primera en su larga historia, es destructible. Un vuelo de aeroplanos no más llamativo que el de una bandada de patos puede rápidamente acabar con esta isla de fantasía, incendiar las torres, retorcer los puentes, convertir los pasajes subterráneos en cámaras letales, reducir a cenizas a millones. (Por eso) lo largo de la Orilla Este los hombres levantan la sede central de las Naciones Unidas, el más grande proyecto arquitectónico del momento. Nueva York se presta a acoger en su seno a todos los gobiernos del mundo, y a limpiar del planeta la plaga de la guerra. Nueva York no es una capital, no es capital de nación, ni de estado siquiera. Pero está en camino de convertirse en la capital del mundo.”

Here is New York por E. B. White, New York, 1949

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Doce años después del ataque a las Torres Gemelas, estamos todavía en guerra, o en amenazas de guerra para el Medio Oriente. La película Syriana parece ahora más actual que nunca, puesto que apenas tenemos información sobre los intereses ocultos que impiden el diálogo entre los pueblos pare evitar la guerra. Pero no conviene echar toda la culpa a los americanos, en un lío mundial que tiene implicaciones muy complejas.

Por supuesto, las torres gemelas no eran iconos neutros, como tampoco lo eran los Budas de Bimayán (Afganistán) que fueron derribados por los Talibanes un año antes. Para los fanáticos religiosos significan los peligros que viene tanto del Este como del Oeste, y que se imponen gracias a la globalización; y su caída significaba la destrucción de la torre de Babel.

Recordemos que también entonces, en gran parte del planeta, no sólo los fanáticos sino también muchos pensadores de la izquierda interpretaron el atentado como un justo castigo al imperialismo inhumano de Los Estados Unidos, tan bien simbolizado por el capitalista World trade center. Andrew Anthony en El desencanto, analiza muy bien esta problemática.

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La paradoja es que cuando se construyeron las Torres Gemelas destacando sobre el conjunto urbanístico del World Trade Center estas querían ser algo así como el Faro de Alejandría: un símbolo de civilización y libertad que difundiera los ideales del sueño americano a escala global. Quizás las torres fueran ambas cosas, faro de la ciudad más culta y civilizada del memento, y torre de Babel que aspiraba a llegar al cielo y sustituir a Dios.

Lo que es evidente es que los símbolos pueden ser complejos, abiertos a muchas lecturas, pero no son nunca neutros; y tuvo que ocurrir el 11S, para darnos cuenta de esto, como ya analicé en aquel entonces y puede verse en la entrada Nueva York, antes y después

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Añado ahora algo polémico que nunca me he atrevido a mostrar: la compañía de RealState (constructora) Citygroup, debió darse cuenta de esta falta de neutralidad de las imágenes simbólicas cuando decidió quitar esos enormes 666 que ostentaba su sede, luego puesta en venta por la crisis inmobiliaria. La retirada de este símbolo del diablo (pues simboliza el intento imposible de llegar al 7, número de la plenitud divina según la cábala judía, y también la Biblia y el Corán) fue en enero de 2002, pocos meses después del atentado a las Torres Gemelas.

Esos seises me llamaron la atención, pues se exhibían en una calle que apenas muestra este tipo de ostentaciones publicitarias (aunque se trate como es el caso, del número que ocupan en la Quinta Avenida). Los tiempos habían cambiado, y los propietarios decidieron retirarlos, quizás por miedo a convertirse en el siguiente icono de altura suceptible de ser abatido por el fanatismo religioso. La disculpa fue otra, por supuesto, pero no cabe duda que era el miedo lo que les hizo sustituir ese símbolo por el escudo corporativo.

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En el contexto simbólico del Rockefeller Center, que ya he analizado, esos símbolos coronaban la provocación de la Atlántida prometeica frente al Dios que representaba San Patricio, relativamente cerca de este edificio, como puede verse en la primera fotografía, que recoge también la bandera del Estado Vaticano, que figura en la portada de San Patricio junto a la bandera de Estados Unidos de América.

Por supuesto, era fácil meterse contra el catolicismo para llamar la atención y hacer negocio del escándalo, como sabe muy bien Dan Brown y la caterva de imitadores que le han salido después. No van a ponerte una bomba los cristianos, al menos sin violentar las enseñanzas de Jesús, que invita a poner la otra mejilla al que te ofende; pero con los fanáticos islámicos puede salirle a uno muy cara la provocación publicitaria.

Dan Brown quizás vería también otros intereses ocultos, pero la realidad siempre es más apasionante y sorprendente que la fantasía. Por eso, prefiero concluir de aquella secuela que, después del 11S, el mundo de los negocios se volvió mucho más cauto y prudente; y, tras la crisis, también la política internacional de los Estados Unidos lo está siendo, como muestran los últimos episodios de la guerra en Siria, que tienen muy poco que ver con la beligerancia estadounidense de los años posteriores al 11S.

Aunque tarde, quizás ha llegado ya la hora de aprender de las consecuencias de una mala gestión del 11S, para valorar otras soluciones alternativas al ojo por ojo, entre las que están también las posibilidades del autoexamen para tratar de ser mejores y que así el mundo nos ame en vez de temernos, y a la larga odiarnos.

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2 Respuestas a “El 11S y sus otras secuelas

    • sí, no da tiempo de tocar todos los temas. Además no me parece una foto representativa, en general fue algo que se vivió como un trauma enorme en Nueva York. Pero sí puede extrapolarse a otras cosas que pasan fuera, allí lejos del corazón de la City… En todo caso, me parece forzada la asociación con Brueguel que hace ese artículo. Efectivamente, creo que ambas imágenes tienen un fondo común: lo excepcional solo es un pretexto para hacer una crónica de la vida cotidiana, que sigue adelante… Pero pienso que quizás Hoepker tomó muchas fotos desde allí y eligió esa (un momento de relax en medio del trauma), para mostrarla al mundo, y dar una imagen personal de la cultura americana o neoyorkina; pero no creo que tuviera a Bruegel en la mente.

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