Snowden, Antonio Pérez y la Leyenda Negra

Las series españolas sobre personajes históricos están acercando a un público que sabe poco de historia los grandes temas del Siglo de Oro, que había sido tan denostado recientemente en España como lo fue encumbrado durante el franquismo.

Isabel es quizás el mejor ejemplo actual, en positivo. Pero también la miniserie sobre la Princesa de Éboli, con Belén Rueda y Hugo Silva como protagonistas, tuvo enorme audiencia. En este último caso, haciendo honor a la tradición progresista (que no ve con buenos ojos la serie Isabel, porque no sigue todos los tópicos de la Leyenda Negra) Felipe II es un tirano pintado con los tintes más tenebrosos y su víctima, Antonio Pérez un Don Juan romántico. Esta versión española sigue la visión de la famosa película That Lady-La Princesa de Éboli, de 1955, que tuvo tantos problemas para su edición en castellano, aunque la España de Franco había colaborado en su realización, como estudia Rafael de España.

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De hecho, la miniserie, parece casi un plagio de esta película (en su versión inglesa, claro), aunque cargue todavía más las tintas en la satanización del rey Felipe II, al que ha rehabilitado ya la biografía de expertos mundiales, Lynch, Elliot, etc., que lo estudian como uno de los grandes personajes históricos universales, equiparable con Julio César o Napoleón Bonaparte.

Es curioso que sean historiadores ingleses (y amaricanos, Geoffrey Parker, por ejemplo), los que estén limpiando más y mejor la misma leyenda negra que inventaron sus compatriotas, por pura necesidad histórica, con la ayuda de algunos españoles como Antonio Pérez. No nos hemos enterado aún en España, o al menos en una mitad de esta España invertebrada, más obsesionada con las guerras político-culturales del presente que con el conocimiento de pasado.

Pero no el tema histórico o el de la leyenda negra asumida sin espíritu crítico por los propios españoles lo que me interesa destacar aquí, sino la utilidad de la historia para entender el presente con toda su complejidad.

De hecho, lo mismo que le ha pasado a Felipe II le podría pasar a Obama si no gestiona bien la crisis con Snowden. No hay que olvidar que gran parte de la Leyenda Negra fue creada por Antonio Pérez que, acusado de tráfico de secretos y corrupción, escapa de España y es protegido por el rey de Francia, Enrique IV de Navarra, como la Rusia de Putin está ahora protegiendo a Snowden.

Los holandeses hicieron entonces el papel que ahora parece representar Alemania, pues airearon sus ideas para presentarlo al mundo como el defensor de los derechos humanos y de la libertad, frente a un Imperio oscurantista y controlador. Inglaterra, ahora como entonces, sigue fiel a sus principios de que un traidor a su patria nunca es de fiar.

De hecho, la reina Isabel de Inglaterra se negó siempre a recibir a Antonio Pérez, a pesar de que Felipe II era su gran enemigo. No sería por tanto la actitud de Cameron una cuestión de estrategia anglo-americana, sino un respeto a los principios que hacen del Reino Unido un país con prestigio, que se hace respetar, aunque ya haya dejado de ser la primera potencia mundial.

En cuanto a Rusia, claramente necesita reafirmarse como potencia en desprestigio contra su antiguo enemigo, y juega al gato y al ratón como jugaba el rey de Francia con Antonio Pérez, que le acogió sin mucho entusiamo, al principio, por miedo a las represalias, y como a un héroe después, cuando ya se estaba recuperando como potencia mundial. Allí, en París publicó Antonio López sus memorias, obra cumbre de la Leyenda Negra contra Felipe II. Era el año 1598 y el monarca ya había muerto, aunque el Imperio español continuaba en todo su esplendor.

No cabe duda que Snowden podría también ganar la guerra a su propio Imperio Americano, si sigue presentándose como héroe mundial y no como traidor a su patria. Quizás entonces veamos películas de Asalto a la Casa blanca muy distintas a las que vemos ahora, con un presidente corrupto y miserable que atenta desde su omnipotente poder contra la libertad de los pueblos, y es vencido por un ciudadano americano idealista que descubre al mundo sus tejemanejes.

Parece bastante improbable, verdad? y no es por falta de libertad de expresión. Cineastas como Michael Moore lo harían encantados. Pero hasta los más críticos americanos son patriotas, pues comparten una historia común. Mientras que en España, la historia solo es una palestra para las luchas políticas y culturales. Ni nos queda el pasado ni nos queda el futuro, salvo que cambien nuestros políticos. Esperemos al menos salvar un poco el presente con la cultura.

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