Kiev como epicentro mundial

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Ucrania significa frontera, y desde su mismo origen ha sido el punto de fricción en los difusos límites orientales de Europa. Ya he escrito sobre esta larga historia de conflictos en otras entradas, por lo que voy a centrarme ahora en Kiev, escenario de todos los acontecimientos recientes. Lo que pasó allí durante la Revolución de Octubre de 1917 y años siguientes Chaves Nogales lo describe muy bien en El maestro Juan Martínez que estaba allí (Asteroide, 2007). Kiev fue zafarrancho de combate de los bolcheviques, los blancos y los nacionalistas ucranianos, encabezados por el atamán Petliura, que unas veces se aliaba con unos y otras veces se hacía pasar por otros (según veía que podía conseguir más apoyos de la población civil), para intentar hacer de esta gran capital la sede de una república ucraniana independiente.

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Como sabemos, ganaron los bolcheviques, no tanto porque los ucranianos fueran invadidos por los rusos, pues la mayoría de los rojos eran también de origen ucraniano, como porque tenían apoyo de Moscú y San Petersburgo. Después solía decirse que cuando en Moscú se cortan las uñas, en Kiev ruedan cabezas. Los ucranianos han sido más radicales que los propios rusos a la hora de imponer las ideologías imperiales provenientes de Moscú. No solamente en la época soviética, también antes; no hubo más resistencia prozarista en San Petersburgo que en Kiev, al menos hasta que los blancos y los Petliuristas se mataron entre sí por ver qué bandera ondeaba en el palacio de la Duma, si la del Zar depuesto o la de la nueva república nacionalista.

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Me temo que ahora, estos mismos acontecimientos, podrían repetirse. La oposición, como ocurrió después de la Revolución Naranja, se enfrentará entre sí, y seguirá gobernando un gobierno prorruso, del color que toque. Ya no se hará por la fuerza de la armas, espero, pero sí por el peso de los rublos. Ucrania arrastra muchas de las lacras soviéticas y post-soviéticas, y es un conjunto de feudos gobernados por oligarcas, que se reparten el poder y las influencias. La democracia sigue siendo un buen modo de justificar la ausencia de verdadera democracia. Ya lo fue en el pasado soviético de las democracias socialistas, y lo sigue siendo en el neoliberalismo postsoviético. Oí decir a un político del Partido de las Regiones ahora en el gobierno que, durante las últimas elecciones, además de poner a sus más files votantes en las mesas electorales, para que cobraran 300 euros, para garantizar una supuesta trasparencia en la que nadie cree, colocaron en el mercado todas las cámaras de vigilancia en stock, también las del sus colegas rusos. Fue todo un negocio ese de las elecciones…

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De lo que no cabe duda es que Kiev es la palestra de todo tipo de representaciones imagológicas, tanto proeuropeas como prorrusas. El más reciente episodio imagológico, que los actuales manifestantes tienen como referencia, fue la llamada Revolución Naranja, que impidió al presidente actual tomar el poder en 2004. El segundo episodio fue el de las manifestaciones contra el encarcelamiento de Yuliya Timoshensko, que no sirvieron de gran cosa. Pero sobre este tema hablan todos los periódicos, así que me centraré en los aspectos que han pasado más desapercibidos de la política reciente, antes del estallido del conflicto actual.

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No hace mucho Putin asistió en Kiev a una ceremonia junto al monumento al Príncipe Vladimir, promotor de la conversión de la Rus (al principio con capital en esta ciudad) al cristianismo ortodoxo, y de hecho hay una nueva fiesta en Rusia que celebra este evento. El simbolismo es evidente: la tercera Roma, Moscú, se sabe heredera de la “Roma intermedia” (entre Constantinopla y la capital del antiguo ducado de Moscovia); pero sobre todo, como enfatizan películas recientes financiadas por el régimen de Putin, su presencia allí recuerda a los ucranianos que deben ser ortodoxos, pues son los primeros rusos, cuna de la ortodoxia. Es tan importante este elemento definitorio que, en 1981, limaron la espada de la Victoria de Kiev para que no se elevara más que el campanario de la catedral del Lavra, cuna de la fe cristiana en tierras ortodoxas.

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Por otro lado, es evidente que el desarrollo creciente de Polonia y de otros países de reciente incorporación a la UE seduce a las repúblicas de la antigua URSS, y Rusia no puede permitirse perder su liderazgo económico y político. Estas dos ideas, la ortodoxia y la vinculación con Moscú -y no con Varsovia, o Bruselas-, quedan muy claras en la última versión de Taras Bulba (Vladimir Bortko, 2009), un héroe nacional ucraniano reapropiado para la identidad rusa en una producción que ha contado con el presupuesto más caro de la historia del cine ruso-soviético. En esta película, la católica Polonia es el enemigo, por supuesto; una tentación a la que hay que resistir para no perder la identidad ruso-ortodoxa. El mensaje llega con especial fuerza a esa otra ucrania de Este, predominantemente greco-católica (llamada despectivamente Uniata), la Galicia de Lviv, que es, junto con la Ucrania de los Cárpatos, la cuna del nacionalismo ucraniano más beligerantemente anti-ruso (remito a otra entrada).

En esta misma línea hay que interpretar otra gran superproducción histórica reciente realizada en Rusia: 1612 (Vladimir Khotinenko, 2007). Desde 2005 ya no se conmemora en Rusia el día de la Revolución, que ha sido sustituido por el 4 de noviembre como fiesta de la Unidad Nacional. Esta película recuerda a los propios rusos en qué consiste su nueva fiesta nacional, que celebra el día en que los polacos fueron expulsados de Moscú en 1612; el fin de los años turbulentos y el comienzo de la dinastía Romanov y por tanto del Imperialismo ruso. Se trata de un determinado tipo de cine realizado según los parámetros más comerciales de Hollywood que busca reescribir la historia de Rusia (no olvidemos que el cine histórico habla sobre todo del presente) desde la nostalgia por los viejos modos imperiales, para los que es importante siempre un enemigo que una a todas las identidades diferentes (en un país de enormes diferencias raciales, culturales y religiosas).

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Otro foco de enfrentamiento en la Ucrania actual, que Rusia utiliza a su favor, es el idioma. Sólo en el este y centro de Ucrania el ucraniano es el primer idioma. De hecho, el partido de Yanukovich ha hecho del ruso lengua cooficial con el ucraniano, porque su partido no controla los medios ucranianos y confía en que los medios de Moscú afiancen en Ucrania su posición rusófila. Al menos en el terreno político e imagológico-identitario, Kiev no puede competir con esta enorme fuerza cultural de Rusia, que influye en casi la mitad de la población de Ucrania, rusoparlante en primera instancia. El siguiente paso será hacerse también con el control de los medios de comunicación ucranianos.

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Es esta amenaza real la que temen muchos de los que se manifiestan ahora en la Plaza principal de Kiev, la de la Independencia, y el Presidente del Sindicato de Directores de cine de Ucrania, Volodymyr Tykhyy se ha atrevido a lanzar un valiente manifiesto en defensa de la libertad de prensa contra las presiones del gobierno. Recojo a continuación una traducción al castellano de las palabras de este director-productor, cuya reciente película The Green Jacket  fue seleccionada para el reciente Festival de San Sebastián, y al que tuvimos la fortuna de entrevistar tanto allí como antes, en el Festival de Odessa (del que aparecerá en una película, Dios mediante).

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Estimados colegas,
Es evidente que en Ucrania vivimos momentos históricos. Nuestros profesionales
deben  ser el epicentro de los acontecimientos. Esto es, hacer buen ejercicio de su profesión. Hacemos un llamado para que en todas las situaciones acaten las normas profesionales europeas y muestren el verdadero rostro de la ciudadanía. No distorsionen la información ni difundan rumores acerca de los eventos. Si reciben presiones, chantaje o amenazas de cualquier tipo, pónganse en contacto con el gremio, les ayudaremos legal y moralmente. Proteja su profesión de la injerencia de la policía, los provocadores y los funcionarios del sistema.

Volodymyr Tykhyy

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La reciente decisión del presidente de enviar también a sus partidarios a la plaza, para apoyar a las fuerzas policiales, podría degenerar en una sangría. Ucrania, a diferencia de la vieja Europa, tiene una población joven sin nada que perder y que, ante un ataque del gobierno (que podría ser provocado por agitadores y atizado por los medios de comunicación, como ocurrió en los Balcanes) estaría dispuesta a jugársela, y comenzar una cadena de venganzas que nunca se sabe cómo puede acabar. Por eso no hay que dejar de estar atentos a lo que pasa en Kiev, depende de ello no sólo el futuro de Ucrania, sino también el de Europa (y de Rusia, que quizás se vea también obligada a democratizarse).

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Sería bonito que la plaza de la Independencia acabara siendo Euromaidan (“maidán” es plaza en ucraniano); esto es, que Europa apoye en serio a Ucrania, y que la democracia ucraniana pase de ser algo potencialmente improbable a algo potencialmente posible. No lo permitirá la Rusia de Putin, con la ayuda de la parte este y sur de Ucrania, que depende estrechamente (cultural y económicamente) de Rusia. ¿Una escisión del país en dos mitades? Podría ocurrir, pero Kiev es también muy atractiva para los ucranianos del Este. Veamos cómo siguen adelante los acontecimientos, auque me temo que no pasará gran cosa, el invierno está ya encima, y hace falta gas para calentar los hogares, tanto de Ucrania como de Alemania, y también de Francia, Bélgica… Europa, Europa ¿quién te rapta ahora?

 

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2 Respuestas a “Kiev como epicentro mundial

  1. Un artículo interesante pero me gustaría comentar algunas cosas. Lo primero la población ucraniana que es rusoparlante representa solo el 25 % de toda Ucrania. Sí que la población en general domina ruso pero no es la lengua usada. En segundo lugar, el ruso es cooficial sólo en algunas regiones de Ucrania oriental.

    Las manifestaciones que están ahora presentes no sólo en KIyv sino también en todas las ciudades ucranianas, aunque donde la mayoría de la población había votado al Partido de las Regiones (y lo están lamentando ahora) tiene menor presencia no por tener ideas distintas sino por el miedo a represarias. Por supuesto que el foco principal es la ciudad de Kiyv donde se concentra la gente de todas las regiones de Ucrania.
    No se trata de manifestaciones proucranianas sino de ucranianos que también son rusófonos, de rusos ucranianos parlantes, de rusos rusófonos y de todos los habitantes de Ucrania. Se trata de una manifestación contra el poder actual, contra la corrupción, contra el fraude electoral, contra las míseras condiciones de vida, contra las fuerzas especiales, llamadas “Berkut” que apalean a manifestantes pacíficos con la orden de siempre pegar en la cabeza. Detienen a la gente por estar en la manifestación, los apalean, los meten entre rejas sin prestar ninguna atención médica. El acusado comparece ante el juez que hace caso omiso a sus peticiones de la necesidad de un médico y lo condena a dos meses de cárcel. El abogado del acusado ni siquiera está presente en la sala y lo han apaleado antes. Hay alrededor de 30 personas desaparecidas entre las cuales se encuentran menores de edad. La lista se va colgando y actualizando en las redes sociales.
    El gobierno corrupto ha creado un “grupo de apoyo” al que se llama popularme “titushki”, es decir, ‘señoras’. Está compuesto por hombres atléticos a los que se les manda vestirse de chandal para ser reconocidos fácilemente y los que se meten en medio de los manifestantes pacíficos y empiezan a dar patadas y puñetazos para crear disturbios y de esta manera justificar la intervención de los “berkut”. Estos últimos los protegen de la población civil que reacciona a los ataques.
    Entre los manifestantes está no sólo la población civil sino también todos los líderes políticos salvo Yanukovich. Ha habido diserciones entre el partido de Yanukovich. Los valientes que se han atrevido a desafiar al régimen con las consecuencias negativas para ellos. Los diputados que se han pasado a otro bando les han atacado con “zelenka” rociándoles la cara con ella. Se trata de un producto tipo yodo pero más eficaz y de un fuerte color verde. Tarda como una semana en irse.
    El Euromaidan va siendo apoyado cada vez más por distintos países europeos pero no en suficiente medidad. Malta ha declarado que no dará tratamiento de “presidente” a Yanukovich. Polonia ha decorado sus calles con las banderas ucranianas y polacas. Los georgianos se han unido también vistiéndose los presentadores de sus televisiones con colores de la bandera ucraniana, azul y amarillo. Lituania manda también sus apoyos. En San Petersburgo, la foto que tienes publicada de un hombre solo con la pancarta, se manifiesta la gente sola con el aopyo a Ucrania. Los rusos en Rusia, que también están hartos del régimen de Putín, apoyan a Ucrania en solitario por las calles porque si se juntarán les detendrían acusándoles de “disturbios”. Los moscovitas siguen el mismo ejemplo. En Roma se organizan en las calles incluso oficios religiosos con curas ortodoxos y con los ucranianos romanos a los que se han unido algunos italianos.
    Washington Post publica también su apoyo a Ucrania.
    La población ucraniana está mostrando una gran solidaridad la que no había mostrado nunca. Los bares abastecen con comida y bebida gratis. Las iglesias han abierto sus puertas por la noche para que la gente duerma ahí. Hay miles de voluntarios de diferentes partes de Ucrania para ayudar en cualquier cosa que se necesite. Otro ejemplo es que los berkut de Ucrania occidental se han unido al pueblo, algunos jefes de la policía han empezado a dimitir y a unirse a los manifestantes. Sin embargo, no es suficiente. Se necesita mucho más apoyo y presión por parte de países para sacar a Ucrania de la dictadura incubierta que está viviendo.
    Los manifestantes han dicho que no se moverán hasta que el gobierno dimita y hasta que todos los detenidos sean puestos en libertad y que se les preste la ayuda médica necesaria que se les ha negado a muchos. Que los berkut que apalearon a la gente sean juzgados.
    Como bien dices, Jorge, la población y sobre todo los jóvenes, no tienen nada que perder. Y aquí dejo un vídeo que lo demuestra, que dice, resumiendo: “No tenemos nada que perder, no nos moverán, estamos aquí hasta el final”

    Y también dejo varias páginas donde van actualizando las noticias de lo que va pasando en directo en Facebook
    https://www.facebook.com/EuroMaydan
    https://www.facebook.com/pages/I-Love-Ukraine/557497964324841

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