De Fakes y Mockumentaris: el desarme de ETA y The Act of Killing

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La polémica del falso documental sobre el 23 F, presentado por Jordi Evolé en su late night del aniversario 2014, me ha llevado a reflexionar, como a mucha más gente, sobre lo que estamos viendo bajo la etiqueta documental. Los famosos realities tienen muy poco de realidad, y habría también que ser más cauto con los informativos, cada vez más dados al espectáculo, cada vez más infortaiments. Sirva esta primera consideración para alabar el trabajo de Jordi Evolé, tan bien realizado –según los esquemas del conocido Operación Luna– como oportuno en el contexto actual de una anestesiada audiencia española dispuesta a creerse cualquier cosa, especialmente si esta cosa rezuma teoría conspiratoria y viene arropada por lo políticamente correcto según los paradigmas dominantes del momento, como he analizado en otras entradas.

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Los que nos dedicamos a cultura de la imagen no dejamos de sorprendernos por la facilidad con la que el público español acepta mensajes ideológicos disfrazados de realidad, sin pararse siquiera a reflexionar sobre ellos, aunque las vías por las que lleguen sean muy dispares. Quien se lo ha creído a pies juntillas -no mis alumnos, que ya han visto en clase Forgotten Silver– debería reflexionar lo que todo publicista sabe muy bien, y también todo propagandista: que el mensaje llega mejor y es más eficaz tanto en cuanto pasa más desapercibido.

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Por eso la mezcla de géneros es tan frecuente en la propaganda. Es conocido que la película El triunfo de la Voluntad (1934) de Leni Riefenstahl, que mitifica a Hitler y el partido Nazi en torno al multitudinario congreso de Nüremberg de 1933, ganó el premio al mejor documental en Francia. Un “documental” que serviría entre otras cosas para dejar claro a todos los alemanes que, o estaban con Hitler o se tenían que ir, si podían, de Alemania (propaganda interna); y para ocupar Francia pocos años después, con apoyo de muchos franceses anticomunistas (propaganda externa). En una época de bloques ideológicos dogmáticos y violencia política, no resultaba posible el término medio, y muchos franceses creían que sólo los nazis podían parar el peligro de una revolución socialista en Francia (recordemos que el Frente Popular gana las elecciones en Francia en el año 36 y amenazaba con hacer la Revolución desde arriba, al estilo Stalinista).

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Es cierto que el seductor supuesto documental El Triunfo de la Voluntad narra una realidad que tuvo lugar, y que por tanto puede ser etiquetado como documento. Pero también es cierto que todo estaba previamente  ensayado, y que incluso la escenografía del evento había sido pensada por el arquitecto Albert Speer, mano derecha de Hitler, con el objetivo de ser filmada. Y por eso Leni tenía carta blanca para usar las más modernas tecnologías, jugando con diferentes cámaras que le permitían pasar en el montaje de la toma aérea –masas innumerables y magistrales en su disciplina y orden- a los primeros planos en contrapicado -exaltación de los “héroes”, que cuando son anónimos han sido muy bien seleccionados entre los prototipos arios. Nada es dejado al azar, a lo que la misma realidad puede aportar: todo está previamente previsto y escenificado.

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Lo mismo podríamos decir de las películas soviéticas del momento, que también escondían en lo histórico-documental (Octubre o El acorazado Potemkin de Eisenstein, por ejemplo) su enorme carga ideológica, de todos conocida, una vez que ha pasado el tiempo y los miramos con ojos más críticos. Pero durante la República española, estas películas de Eisentein llegaron a prohibirse, porque cada pase cinematográfico terminaba en algaradas callejeras, pues los partidarios de la revolución soviética decidían poner en práctica lo que habían visto en la gran pantalla, y sabían que había ocurrido no mucho tiempo antes en la joven URRS. Analizo este fenómeno en el artículo Recepción del cine soviético en España: una historia quijotesca entre guerras, censuras y complejas aperturas

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No es algo del pasado, y ni siquiera de la España de Franco, se sigue haciendo hoy: el caso más llamativamente reciente es la película Mar Adentro de Alejandro Amenabar, que contó con todo el apoyo institucional del gobierno Zapatero (siete ministros en su estreno, un auténtico acto de Estado), y que aunque es pura ficción (como el director ha defendido siempre para evitar que le lleven a los tribunales), funcionó como un documental en la audiencia española pues se basa en hechos reales y utiliza a un actor camaleónico de la categoría de Bardén para encarnar al difunto Ramón Sanpedro –este sí, con nombre propio, aunque sus familiares no estén nada de acuerdo con la falsificación del personaje. De hecho, han intentado que la inductora de la muerte “dulce” –que no se llamaba Rosa sino Ramona, y era de la asociación por una muerte digna- vaya a la cárcel, sin conseguirlo. Sirvan de ejemplo estas declaraciones de poco tiempo después de la película en El Diario de Navarra.

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Da la casualidad de que el diario El Mundo estaba haciendo entonces una encuesta sobre la Eutanasia, y las cifras de apoyo a la reforma de la ley se invirtieron, pasando del 30% al 70% en sólo unos días, justo después del estreno de la película. Aquí, en España, apenas generó polémica lo que en Reino Unido provocó un largo e intenso debate. Por ejemplo el diario progresista The Guardian acusó a Amenabar de emplear recursos manipuladores en un tema delicado que exigía una aproximación menos dogmática en la ideología de fondo y más abierta en las formas: en concreto, por no hablar explicitamente de propaganda, dice que la película emplea recursos televisivos de serie B, como en las sitcoms o soap operas[1].

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Los personajes que no defienden la postura de Ramón Sanpedro son caricaturizados o sistemáticamente anulados como alternativa (el caso de Julia –Belén Rueda- agonizando en estado de demencia senil por no “atreverse” a morir con su amado, es especialmente paradigmático). Los intelectuales de izquierdas que estudian el audiovisual saben muy bien que los recursos manipuladores de esta película de Amenabar son similares a los que usaron los Nazis con su película Ich Klage an (Yo acuso, 1941), para justificar la muerte en masa de las consideradas Vidas indignas Lebensunwertes Leben, como recuerda la más reciente Good -2008- dirigida por Vicente Amorim y protagonizada por Viggo Mortensen) y por eso callaron, quizás por no tirar piedras contra el propio tejado político, lo que no es muy científico ni honrado en cuestiones profesionales.  Hasta el entonces maoista Godard decía que un travelling es una cuestión moral.

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Si lo es un travelling, no hablemos de los otros modos hollywodienses a los que recurre Mar Adentro, con esa constante manipulación musical -el vuelo de Nesun Dorma de la ventana a la playa, por ejemplo- y los recursos fotográficos glamurosos llenos de contradicciones. Sin ir más lejos, el final de cámara voladora, de nuevo, sobre el mar, en vez de lo que hubiera sido más lógico con el contenido que nos narra: un fundido en negro, por ejemplo. ¿Si no hay nada después de la muerte, como defiende el protagonista, por qué convertir su sueño hecho realidad en un vuelo mágico Mar Adentro? -Pues porque es más sentimental, y la gran audiencia es siempre reacia a la tristeza de las teorías existencialistas.

Con ausencia de un debate real, en un país en el que todo se politiza, la sociedad española pasó de estar en contra a estar a favor de la Eutanasia sin más problemas de conciencia, por puro sentimentalismo. Yo no lo haría, pero si él quiere… quién soy yo para impedirlo. Como en el clásico Arsénico por compasión, pero con la diferencia de que este nuevo sentimentalismo casuístico sirve para cambiar las leyes y abrir espacio a todo tipo de ingerencias del estado sobre las conciencias, primero de los médicos, y luego de todos los demás, como hicieron los nazis.

Tal vez esta comparativa puede molestar al que defiende la eutanasia. Lejos de mi intención. De hecho, opino que es muy legítimo tanto estar a favor como en contra de esta cuestión, no es la eutanasia el tema de discusión de este artículo; me interesa simplemente señalar la falta de cultura visual o visual litteracy en España, lo que nos diferencia de otros países europeos como Reino Unido, menos manipulables, por lo visto, ya que la película propició un sano debate social sobre la cuestión. Resistirse a la manipulación sentimental del populismo es ser más democráticamente reales. Pues no me cabe duda de que la democracia es discusión, diálogo o debate, basado en razonamientos y no tanto en sentimentalismos propios del forofo futbolero o la satanización “política” del que opina distinto.


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Quizás sirvan estas reflexiones para caer en la cuenta de lo que está pasando estos días en nuestros telediarios. Es cierto que fue la BBC la que publicó primero el vídeo, pero nosotros le hemos dado mucha más difusión que en ninguna otra parte. Con esa insistencia en hablar como si fuera una noticia espontanea del vídeo sobre la supuesta entrega de armas de ETA, con unos intermediarios que nadie ha nombrado, y que no está claro que sirvan para algo, pero que han adquirido un protagonismo inaudito, nos hemos olvidado de leer en profundidad lo que este vídeo refleja. Por supuesto, es algo que ha sido pensado para ser noticia, trend topic, con el Guernica como fondo, etc.

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Se trata de un cuadro que remite al símbolo vasco por excelencia, la ciudad de los fueros bombardeada por los Nazis-españoles, por eso ha sido escogido de fondo. Pero también es cierto que en ese famoso mural de Picasso son las víctimas las que reciben homenaje, puesto que esperan que el tiempo -la luz de la historia- les haga justicia. Por eso, ese cuadro ha simbolizado a todas las guerras en las que por un fin simbólico, mueren víctimas inocentes. De hecho, quizás con el tiempo esta aparición pública de ETA pueda compararse con uno de los documentales más interesantes que se ha hecho recientemente, The act of killing, que era favorito a los Oscars del documental, aunque no ha ganado finalmente, lo que no ha impedido provocar una gran polémica en Indonesia, país en el que fue rodado.

Como me hizo saber un colega arquitecto, hay muchos puntos de paralelismo entre este documental y lo que hemos estado viendo por televisión en relación con el supuesto desarme de ETA:

1. Ambos parecen kitsch, de serie B, trasnochados en la estética, pese a la actualidad en la noticia que pretenden contar. La escenografía de la entrega de armas no parece del siglo XXI, pero ya no se distingue si es así por decisión artística o pretende ser real (como ocurre en la película documental antes citada, que es conscientemente Kitsch).

2. Como en The act of killing, los actores del simulacro de desarme parecen malos actores pero son autores reales, tanto en el caso de los etarras como de los verificadores.

3. El título del documental es The Act of Killing, como polisemia de acto, actuar, teatro y acción, por lo que encajaría también con la representación teatral de ETA, que muestran una caja que luego se llevan, eso sí, precintada, por si no hay acuerdo por parte del gobierno y tienen que deprecintarla.

4. Por último, por supuesto, estaría el tema clave de los verdugos convertidos en protagonistas de la historia. Son conscientes de la importancia de su papel histórico, y acceden a representarlo, sin darse cuenta de que la audiencia, supongo que también gran parte de la audiencia independentista vasca, les mira de modo muy distinto a como ellos se ven a sí mismos.

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Es cierto que en The Act of Killing, los verdugos aparecen rodando su película, y de vez en cuando, se muestran los resquicios documentales de una cierta conciencia confusa; pero consiguen estoicamente superar los remordimientos de sus actos del pasado por la inmediatez del presente, de la actuación. Y porque tienen claro la verdad de su lucha; alguien tenía que hacerlo. Salvando las distancias de que unos mataran a supuestos comunistas y otros, los etarras, a “fascistas españoles”, la cuestión fundamental que les une es el hecho mismo de legitimar con su presencia, con una actuación “estelar”, el que ellos siguen estando ahí, se sienten importantes, necesarios para los suyos.

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Ese seguir en la brecha se justifica por el presentismo del cine y los medios de comunicación, y también- por qué no decirlo- por la realidad social e histórica compleja de los lugares en los que viven, tanto los matones de Indonesia como los de ETA; una realidad que con su falta de cultura visual, justifica todavía estos episodios “documentales”. Hay una diferencia fundamental entre ambos: en Indonesia The act of Killing ha sido censurado –aunque se distribuye por Internet- mientras que aquí le hemos dado mucha cobertura, quizás demasiada, en los medios convencionales. Es bueno que no haya censura. Ahora sólo queda saber mirarlo.

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[1] Peter Bradshaw, crítico de cine del Guardian, le pone hoy una estrella de cinco, 1/5, a The sea inside, y dice lo siguiente: “it looks simply like a very classy TV movie which embraces the cliches”, “His (de Amenábar) new film is an extraordinarily shallow euthanasia weepie, but it has none the less been nominated for a best foreign film Oscar, the Academy evidently feeling more than comfortable with this unchallenging issue movie – which fudges the issue”. The Guardian, Friday 11 February, 2005.
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