Mattise, Picasso y el Mercado

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La exposición de collages de Matisse (la más amplia muestra de este tipo de obras sobre el artista) está a punto de acabar, y el MOMA ha tenido la brillante idea de dejar abierta la exposición todo el fin de semana, las 24 horas del día. Esta apertura inusual, por sí sola, ha servido como reclamo para enormes masas de visitantes, que abarrotaban la exposición a las tantas de la madrugada, con colas de horas para comprar las entradas en momentos de máxima asistencia (a media noche del sábado, por ejemplo).

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Este reclamo exitoso en la ciudad que nunca duerme dice mucho ya sobre el marketing artístico en nuestros tiempos, y en qué se basan las agendas culturales de los museos actualmente. Por ejemplo, el MOMA planea también visitas paras enamorados -ricos- el día de San Valentín.

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No sé qué se visitará en este tour del amor, pero la exposición de cut-outs de Mattisse es una delicia para todos los públicos. En ella se ve claramente la influencia enorme que Matisse ha tenido en el diseño contemporáneo de todo tipo, gráfico, de moda, publicitario, editorial, etc. Su primitivo sentido de la forma pura, tan sintético y sensual, y el dominio del color como expresión directa, emocional, se manifiestan en los recortables para collages y vidrieras mejor que en ningún otro lenguaje.

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Y también se entiende porqué Picasso quiso siempre distanciarse de este modo de crear, que está en el origen del diseño moderno pero se aleja del arte de los museos, con su aura icónica, que era una obsesión que el español tuvo siempre.

Cuando se mostraba contrario a la abstracción, hablaba del peligro de hacer decoración, de perder ese algo sagrado que tienen los iconos y que Picasso quería infiltrar también en sus creaciones artísticas, que nos miran en vez de ser miradas, siguiendo caminos opuestos a la noción de cuadro-ventana (Alberti) que se impone en Occidente desde el Renacimiento.

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La exposición de Matisse no reclama una mirada tan penetrante: se puede disfrutar incluso en medio del bullicio de un sábado por la noche, cuando el respetable público, después de una buena cena, hace tiempo para seguir tomando copas y comentando la jugada. Es cierto; en Nueva York, los temas de conversación artísticos están al orden del día. Hay academias que enseñas los rudimentos básicos del lenguaje del arte para no hacer el ridículo en una reunión, o cualquier otro tipo de encuentro más o menos profesional. No se concibe alguien sofisticado que no sepa hablar de arte moderno en las conversaciones en torno a las comidas (la gastronomía como arte es otro de los tópicos necesarios).

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La mención de Picasso en este evento me vino a la cabeza al ver en la tienda de libros la fábula para niños When Pigasso met Mootisse de Nina Laden. El relato puede escucharse aquí, y se ve que no es solo para niños, pues como todas las fábulas de animales, encierra moraleja profunda para nuestro tiempo, y ayuda a reflexionar sobre lo que es verdaderamente el arte contemporáneo, y lo que le diferencia del diseño. Picasso optó por el Arte, por hacer piezas únicas, dignas de exponerse en un museo, también cuando hacía collages o grabados.

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El Matisse de los collages optó por el diseño, le importaba más experimentar con colores (cuando ya estaba incapacitado para pintar por un problema de artritis) que el hecho mismo de que esos diseños ser reproductibles en vidrieras, estampados, muros o portadas de revistas, se exhibían en un museo después. En este sentido, Matisse se adelanta al arte Pop, y a las formas nuevas de arte aplicado.

El mercado se ha encargado también de que estas expresiones reproducibles, pensadas para los medios de masas más que para las galerías y museos, se consideren después también piezas únicas, musealizables, con el consiguiente aumento del precio y también de los beneficios, como expuse en otra entrada. Los académicos hemos contribuido mucho también a justificar esta noción ampliada del concepto mismo del arte.

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En todo caso, y a pesar de la confusión de límites dominante en nuestro tiempo, hay unas diferencias entre Picasso y Matisse que hacen que, por ejemplo, se vea de modo muy distinto –quizás más aburrido, pero también más reflexivo- la exposición del Cubismo de la colección Leonard A. Lauder en el Metropolitan, por ejemplo, que ésta de Matisse en el MOMA.

Quizás esta diferencia ayude también un poco a entender lo que separa a Picasso de Matisse y lo que finalmente les une, que es sobre todo el mercado del arte. La decoración que vale millones ¿no es arte también?

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Uno de los motores de la creatividad entre artistas, como estudia Gombrich, es la competencia misma que se da entre ellos; pero también se trata de uno de los mejores incentivos que encuentra el negocio más especulativo, y que se aplica en los deportes de modo eficaz (qué sería del fútbol español sin la dialéctica Madrid-Barsa, por ejemplo).

Como ocurre en la parábola del libro para niños antes mencionado, Pigasso se reencuentra con Mootisse cuando comparten juntos un mural de dos caras que despierta admiración de todos los públicos, expertos o no, en Nueva York. Cerdos o vacas? Qué más dá! La amburguesa americana lo mezcla todo… y funciona muy bien en el mercado.

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