Espejismos de la China

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Una de las mejores exposiciones de Cultura Visual del año está teniendo lugar ahora en el Metropolitan de Nueva York, y está dedicada a China. Es toda una experiencia de inmersión sensorial, pues la escenografía está cuidada al detalle para crear una atmósfera mágica de luces y sonidos en transformación, gracias a los diferentes espacios expositivos y las proyecciones de cine que les acompañan.

Es la más ambiciosa exposición organizada por el departamento de moda (o trajes, Costumes), en colaboración con otros departamentos del Museo, como el de artes decorativas, Moderno y contemporáneo, etc. Cuenta además con el asesoramiento de directores de cine tan influyentes en la cultura visual mundial como Won Kar-Wai.

El título no puede ser más sugerente: China: Through the Looking Glass. El mejor resumen de la exposición en esta entrevista a su comisario.

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El nombre de la exposición cita, por supuesto, el famoso libro de Lewis Carrol sobre Alicia en el país de las Maravillas, según la misma referencia al espejo realista en el que nos miramos, pero a través del cual podemos viajar a otros mundos de fantasía.

Muy bien elegido el título porque esta exposición, además de mostrar de modo apabullante la actualidad de la milenaria cultura china, que ha inspirado a los mejores diseñadores accidentales, nos permite viajar a un mundo exótico para la cultura occidental, de modo muy romántico, y por tanto nada realista.

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Es inevitable rememorar al ver esta exposición las Olimpiadas del Beijín, cuyo director de escena, Zhan Yimou, está también muy bien representado en las proyecciones que acompañan a la muestra del Metropolitan, con ese cierto sentido propagandístico de la belleza plena, dotada de un preciosismo idealizado propio del arte académico que apoyan los regímenes totalitarios al servicio de la propaganda.

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No quiero decir que el Metropolitan esté contribuyendo con esta muestra a fomentar un arte muy del gusto del Gobierno totalitario que apoya estas iniciativas, sino que ambas cosas coinciden. Por eso, más allá del embrujo que ejerce esta estética oriental, me gustaría reflexionar sobre este “academicismo” propagandista (educar deleitando) propio del arte oficial que nos llega de China, que tan bien se amolda a la cultura visual contemporánea.

No olvidemos que la Cultura Visual se crea en oposición a las Vanguardias primitivistas, y en favor de los nuevos lenguajes de masas, el cine y la fotografía, y sus usos publicitarios y de entretenimiento.

Acierta Hockney en El Conocimiento Secreto (Destino, Barcelona, 2001, pp. 195 y ss ) al decir, comparando las Bañistas de Zezanne con la famosa Ola de Bouguereau que “el Bouguereau es una ventana más allá de la cual está la ilusión y la fantasía. El Cezanne es más como un Poussin compuesto con cuidado sobre el lienzo. Somos conscientes de la pintura sobre la superficie de un lienzo. Sus bañistas, de un modo u otro, ocupan el espacio del espectador. Al final, la visión de la pintura de Cézanne triunfó sobre lo académico y abrió nuevas maneras de ver. La (pintura) de Bouguereau finalmente fue descartada como una cosa tonta. Pero hoy en día el ‘artificial’ Bouguereau está de hecho más cerca de la mayor parte de la enorme cantidad de imágenes que la gente ve: fotografías, filmes, televisión. De modo que ¿qué manera de ver y de representar ha triunfado en realidad? ¡la imagen fotográfica!”.

La ola Bañistas

Through the Looking Glass va muy bien con ese otro nombre, “espejo de la naturaleza” con el que fue bautizada la fotografía de Daguerre; y es conocido que Lewis Carroll fue, además de escritor, un experimentador fotógrafo. De hecho, muchas de sus inspiraciones literarias están relacionadas indirectamente con reflexiones sobre la verdad y la mentira fotográficas.

Como una representación fotográfica, o cinematográfica, es la exposición del Metropolitan, pura cultura visual occidental que mira nostálgicamente a Oriente; a ese exótico lugar que conserva un aura moderna de primitivismo sin perder la sofisticación propia del academicismo posmoderno dominante en la cultura visual global.

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Del primitivismo al neoacademicismo.

En una de sus cartas desde Tahití, Gauguin escribió que sentía la necesidad de volver más atrás de los caballos del Partenón, retrocediendo al caballito de madera de su infancia. Toda una declaración de intenciones que se ha convertido en eslogan para justificar, a posteriori, la “superación” de los artificios de la tradición occidental en busca de la supuesta naturalidad y autenticidad del buen salvaje.

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Estas ideas primitivistas hicieron profunda mella en el panorama artístico europeo de finales del siglo XIX, como alternativa al último academicismo, que parecía emular el “pavor” hiperrealista de los museos de cera. De hecho, el primitivismo, como estudia Gombrich en una obra póstuma The preference for the Primitive. Episodes in the History of Western Taste and Art (London: Phaidon, 2002), ha sido uno de los influjo más penetrante y duradero en el arte contemporáneo, por encima de cualquier otro “ismo” de la llamada Vanguardia Histórica.

La mirada primitivista a China y Japón primero, La India y Oceanía después, y finalmente a África, hizo que muchos pintores y escultores rompieran radicalmente con las enseñanzas académicas y con todo lo que esta estética occidental, demasiado sofisticada y degastada por los revivals, representaba.

_DSC2261Pero ¿qué pasa cuando el “primitivismo” es algo tan sofisticado y permanente en el tiempo como la cultura china? No cabe la sencillez del niño o del salvaje que predicaba Gauguin, sólo la sofisticación propia de un mundo artístico tan complejo como el nuestro, aunque adopte formas diferentes, exóticas para la mirada occidental.

Por eso China se resistió siempre a las Vanguardias, aunque fue muy bien acogida por la Cultura Visual, por el mundo de los diseñadores de joyas y de moda, y sobre todo por los ilustradores y artistas gráficos.

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Pasadas las euforias primitivistas de la Vanguardia Histórica, caemos de nuevo en la cuenta de que China conserva el encanto de lo exótico y a la vez se adapta maravillosamente a la complejidad y rebuscamiento de la cultura visual posmoderna.

En China no existían esas fronteras entre arte, moda, diseño gráfico, escritura, etc. que se daban en Occidente durante el Academicismo; y este “decorativismo” o visión total -y decorativa- de las artes era muy valorado en la Inglaterra de William Morris y la Francia de Baudelaire, que lo consideraba en más artístico de los primitivismos.

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Ya no usemos la palabra primitivo, que ha dejado de ser positiva -como lo era en la época de las vanguardias, de Gauguin en adelante- y vuelve a tener las connotaciones eurocéntricas que tenía ese término en el  Fin de Siecle.

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Además -y este es el leitmotiv impronunciado de las exposición- los primitivos somos nosotros, y China nos descubre y maravilla con sus cuentas de cristal audiovisuales y demás encantos decorativos o publicitarios (o propagandistas). Lo hizo ya entonces, en los comienzos de la Modernidad, y lo sigue haciendo ahora, en plena posmodernidad.

_DSC2234Lo digo todo con un poco de ironía, claro. Pero que conste que no tengo nada contra el arte que persigue la belleza o hacer el mundo más hermoso. Aunque sea edulcorando o escondiendo la verdad, el cincuenta por ciento o más del arte ha sido y es una ventana a posibles perfecciones desde el mundo imperfecto en el que vivimos.

Pero me gusta que a la vez que se dá este ideal de belleza “decorativa”, en el mismo sitio y a la misma hora, florezca también ese otro arte expresionista y de denuncia, al servicio de la verdad; y eso en la China actual es todavía muy complicado.

La exposición del Metropolitan debería haber insinuado de alguna forma esa otra realidad que queda al otro lado del espejo.

_DSC2273Pero en un mundo globalizado que sigue teniendo en el cosmopolita Nueva York su epicentro, la exposición del Metropolitan, tan bien escenificada, tan sugerente gracias al apoyo audiovisual, es un perfecto espejo del enorme papel que China ha desempeñado en el mismo origen de la Cultura Visual Moderna.

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