El Jardín de las delicias terrenales: el Bosco y Majewski en El Prado

La prohibición no es necesaria… porque la libertad es absoluta… nos hace iguales a Dios. Nosotros no fuimos castigados por comer una manzana… porque el bien y el mal han sido reconocidos y neutralizados. Y han perdido sus límites de potencia. Por eso, una nueva era pide un vestido nuevo.

Podrían parecer palabras sacadas de un relato artístico-esotérico de Javier Serra, que es quien más ha popularizado recientemente las interpretaciones del Jardín de las Delicias del Bosco en clave “adanita”; una secta medieval que defendía la ausencia de pecado original, y por lo tanto, la libertad absoluta de los iniciados, el Bosco incluido. Pero son reflexiones que aparecen la película The Garden of Earthly Delights (2004) de Lech Majewski, protagonista en el curso de verano El Bosco: 500 años organizado por la Fundación Amigos del Museo del Prado.

carátula

De hecho, Lech Majewski interrumpe el rodaje de su nueva película, Valley of the Gods, en la que participan actores como John Malcovich, Bérénice Marlohe o Charlotte Rampling, para acercarse a Madrid, y hablar sobre sus películas inspiradas en pintores renacentistas, y también sobre su propia visión artística. Aunque su película Wojaczek de 1999 ganó el premio Don Quijote en Barcelona, Lech Majewski se dio hizo popular en España por El Molino y la Cruz (2011), basada en el cuadro de Peter Brueghel.

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Sin embargo, también su trayectoria artística anterior es deslumbrante, desde que tomara el camino del exilio tras el estado de excepción impuesto en Polonia por Jaruzelski en 1981. En 2006 el MOMA realizó una retrospectiva de su obra, y su videoinstalación Brueghel Suite se presentó en el Museo del Louvre, en la Bienal de Venecia y en el Museo Nacional de Cracovia, por citar tan sólo algunas de sus exposiciones.

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07.02.2008 CZESTOCHOWA ULICA PILSUDSKIEGO GALERIA ZACHETA N/Z LECH MAJEWSKI FOT GRZEGORZ SKOWRONEK / AGENCJA GAZETA

La búsqueda artística de Lech Majewski siembre ha transcurrido a medio camino entre el cine y las artes visuales, incluida la pintura. Se comprende que sea creador integral de muchas de sus películas: se encarga de escribir, producir, montar, dirigir e incluso compone la música, como parte de una cuidada elaboración sonora que también supervisa.

Además, la creación artística está también presente en la trama y en el título de sus mejores producciones, desde que, en 1996 proyectara con el artista plástico Julian Schnabel la película Basquiat, en la que David Bowie personifica a Andy Warhol, amigo y mentor del graffitero estrella Jean-Michel Basquiat. Pero es especialmente importante en su carrera cinematográfica la trilogía inspirada en grandes clásicos “primitivos”, que comienza con El jardín de las delicias, continúa con la premiada El molino y la cruz y culmina con su última película estrenada, Onírica (Field of Dogs, 2014), que se inspira en la Divina Comedia de Dante.

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The Garden of Earthly Delights obtuvo el Gran Premio del Festival Internacional de Cine de Roma de 2004. Es una de las mejores aproximaciones cinematográficas al enigmático tríptico del Bosco, considerado, como la Divina Comedia de Dante, un verdadero manifiesto científico-religioso sobre la época de transición entre la Edad Media y el Renacimiento.

Se ha escrito mucho y seguiremos leyendo mucho más sobre la complejidad del tríptico del Bosco: tanto su precisión geométrica y compositiva como su delirante simbolismo, suscitan todo tipo de interrogantes acerca de posibles significados ocultos, y su inspiración en la naturaleza se adelanta a la obra de Gaudí o del surrealismo.

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La película aporta una lectura de gran calado, sin soluciones fáciles. Las grandes obras de arte son abiertas, para dejar margen al diálogo que cada espectador establece con ellas. Y una obra abierta como el tríptico del Bosco requiere una similar aproximación respetuosa.

Como especifica el título en inglés, añadiendo a delicias el adjetivo “terrenales”, el tríptico que atesora el Prado puede ser interpretado no solamente como una advertencia contra los pecados de la carne, sino como una invitación a entregarse a ellos, que no serían tanto pecados como delicias. Al menos así lo entiende Claudine, que decide vivir de modo simbólico algunos de los episodios representados en el tríptico, sobre todo en su panel central, mientras exclama:

Sus cuerpos agrupados se entrelazan en danza armoniosa. El Bosco dice que no existe otro paraíso… más que aquel creado por uno mismo durante esta corta vida. No juzga, pero señala… degustemos la pulpa de la fruta pues, al fin y al cabo… tenemos el permiso para hacerlo. En el jardín de las delicias, todo está permitido

Composición

A diferencia de El Molino y la Cruz, en la que no se escatima en gasto para la escenografía y los efectos especiales de carácter pictórico, esta película parece rodada en clave documental, como reportaje amateur de video realizado por uno de los protagonistas. Transcurre entre Londres y Venecia, y narra una historia de amor intenso entre una conservadora de arte y un ingeniero naval, lo que permite establecer interesantes diálogos entre la ciencia y el arte.

Con el tríptico del Bosco como pretexto, toda la trama se mueve en este juego entre el Carpe Diem y las Vánitas, entre el atractivo del mundo más sensual, y lo efímero y superficial que resulta todo eso, cuando la muerte acecha y la permanencia que reclama el amor queda truncada de golpe.

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La Venecia que se hunde progresivamente es un lugar barroco que invita a los escritores a pensar en la muerte, el tema protagonista de los cuadros de Vánitas. Pero a diferencia de otras novelas ambientadas en Venecia y que se basan en famosos cuadros, como La Tempestad de Juan Manuel de Prada, premio Planeta de 1997, Majewski nos introduce en una Venecia mágica, a medio camino entre el cielo -o los sueños- y la tierra, como en el realismo mágico de los cuadros del Bosco.

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Debe influir mucho en esta mirada onírica el hecho de que la revisite con los ojos de la infancia. Fue en Venecia donde el director descubrió su pasión por el arte moderno, gracias a las exposiciones de la Bienal. Una pasión que se volcó después en los primitivos renacentistas. En varias declaraciones ha explicado esta transición del arte contemporáneo al cine a través de los maestros italianos:

Me impactó mucho el cuadro de Giorgione La tempestad, me resultó hipnótico por su atmósfera y misterio. Esa pintura fue en mí una notable influencia y no pude volver a entrar en el arte pop nunca más. Un día hice una conexión similar con el cine y fue gracias a la escena del parque en Blow- up, de Michelangelo Antonioni. La vi y me dije: “Si Giorgione viviera, haría este tipo de películas”. El arte moderno que vino de Estados Unidos tenía gran impacto pero detrás estaba completamente vacío. Si pensamos en el siglo XX y su relación con el arte, nos daremos cuenta de que la figura humana ha desaparecido. Mi conclusión es que la figura humana se fugó de las artes plásticas al cine. Si miramos las obras de Giorgione o de Brueghel, la figura humana tenía una importancia fundamental.

En la película aparecen constantes reflexiones sobre este arte antiguo más armónico con su propio tiempo, y la deshumanización del arte contemporáneo. Entre otras muchas “grandes” cuestiones metafísicas. La película de Majewski hereda toda la potencia reflexiva de los cines que vienen del Este, con maestros como Tarkovsky o Kieslowski. Además, se trata de un guión basado en una novela del propio Lech Majewski, titulada precisamente Metaphysica, que tiene una fuerte carga autobiográfica,  aunque sea Claudia, la historiadora del arte experta en la obra del Bosco que encarna la actriz Claudine Spiter, quien expresa en alto este tipo de reflexiones:

Si se piensa que los templos y las bibliotecas están vacíos. Ya no existen reglas ni ideales, sólo auto mutilación. Hasta la diversión te obliga al riesgo de morir de sobredosis… como el cuerpo rígido en busca del éxtasis. Sí, es el fin del mundo. Bach, cuando compuso su fuga, escuchó la música de las esferas  ¿Entiendes? Podía oír a los planetas orbitando alrededor del Sol… en los tonos y semitonos descubiertos por Pitágoras… cuando Dios gobernaba el mundo. Filósofos, artesanos, científicos, artistas… todos ellos sirvieron a Dios. Las casas construidas allí hace 100 años… son un oasis de solidez y simetría, y el tic-tac del reloj garantizó… la división del mundo en segmentos iguales. Entonces, de repente, todo empezó a temblar… y luego, el colapso  ¿Por qué? Nadie lo sabe. Como ilustran de manera abstracta… los enormes lienzos del arte moderno… no podremos expresar… donde las nuevas armas de fealdad sirven a la belleza. Tocones de esculturas en los nuevos parques urbanos… donde, niños de padres inmaduros… se matan con bates de béisbol. Es un mundo que reemplazó a Dios… con el entretenimiento. Sus nuevos predicadores… lucen coronas dentales blancas como la nieve… en los altares de la TV, animando juegos absurdos.

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Con su personal visión apocalíptica del infierno musical del Jardín de las Delicias, seguramente el Bosco estaba también haciendo una revisión crítica de la sociedad del espectáculo y la frivolidad de su propio tiempo. Y en este sentido, la película de Majewski dialoga con el tríptico de modo tan sutil como cercano, pues la común vibración artística dinamita los límites históricos.

Pero además, hay en Majewski –a través de su protagonista Claudine- un eco muy moderno, que no estaba en el Bosco, de lo que George Steiner escribió enPresencias reales sobre el arte como forma de destino: donde la presencia de Dios ya no es una suposición sostenida, donde su ausencia ya no es un peso sentido y, de hecho, abrumador, ahí no pueden alcanzarse ciertas dimensiones del pensamiento y de la creatividad (Presencias reales ¿Hay algo en lo que decimos?,Ensayos Destino, Barcelona 1991, p. 278).

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Claudine finalmente descubre en Venecia, en los boscos de la galería de la Academia, un camino de esperanza en la oración. La escena que funde el famoso túnel del panel de los llamados al paraíso en fundido encadenado con el rosetón de San Marcos, donde vemos a la propia Claudine arrodillada, es de enorme poesía. Aunque se trate nada más que de una grabación aparentemente amateur de su novio científico y ateo, Cris.

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El Bosco como Majewski, más allá de sus particulares contradicciones -entre lo medieval y renacentista en un caso, entre la modernidad y la posmodernidad en el otro- pertenecen sin duda a ese mundo de presencias reales.11

Ese mundo en el que lo sobrenatural, tan bien simbolizado por los ángeles de Majewski, convive plenamente con lo más telúrico. Y esta comunidad artística que rebasa el tiempo explica el hecho de que Majewski haya interrumpido el rodaje de su última superproducción para viajar a Madrid desde el famoso Monument Valley, en el Valle de los dioses de los indios navajos en el Estado de Utah. El Prado es mucho Prado.

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